Bajo el sol veranero de la sabana sucreña y encallada en la rivera de la Ciénaga de San Marcos se encuentra la canoa “La esperanza”, propiedad del famoso “Don Juaco”, un pintoresco lanchero amante del cafongo y el mote de queso quien nos hizo un retrato histórico de lo que ha pasado con uno de los tesoros naturales de Colombia y como el mal manejo de los recursos y la falta de conciencia ciudadana la tiene sumida en el abandono y carcomida por la contaminación.
Recorrer en los típicos “Jhonsos” la Ciénaga de San Marcos y selva adentro descubrir las maravillas del Caño de Rabón hacia toda la zona del sur de Sucre, es vivir en carne propia los matices paisajísticos donde el sonido de las “garzas morenas” (Ardea herodias), los “Collongos” (Mycteria americana) y “chavarries” (Chauna chavaria), son un aliciente para los oídos y el verde de la rivera mezclado con el marrón de las aguas son un impacto para la retina.
En la época de los noventas ingresar a la espesa manigua era una odisea debido a la falta de vías, por lo cual el trazado fluvial entre quebradas, ciénagas y humedales eran la única forma de acceder a los caseríos asentados en la ladera. Como olvidar esos viajes donde el puerto real de San Marcos era el sitio de intercambio comercial más próspero de la zona y la imagen del hombre Hicotea señalaba el camino hacia un mundo perdido pero fantástico para propios y extraños.
Ser la única vía de acceso creaba en los pobladores sentido de pertenecía y una preocupación por mantener limpios y transitables los cauces, pero con la construcción de la carretera que comunica el sur del departamento con la capital, se ha perdido el interés por mantener el espacio fluvial que por años permitió el crecimiento de la región.
Un estudio realizado por el Banco de La República sobre la riqueza natural y potencial económico de la Mojana la ubicó como una reserva de humedales productivos, con la función ambiental de regular los cauces de los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge, amortiguar las inundaciones y facilitar la decantación y acumulación de sus sedimentos. Esto es una gran responsabilidad si tenemos en cuenta todo el impacto que el cambio climático está teniendo sobre el desarrollo de las comunidades; surge entonces un cuestionamiento sobre las estrategias que están implementado las administraciones locales para mantener el equilibrio ecológico en esta zona vital para nuestro país.
El manejo inadecuado de residuos y aguas contaminadas han convertido a la Ciénaga en una letrina ambiental con olores putrefactos provenientes en su mayoría de las basuras de la zona comercial y el mercado municipal de San Marcos; es deprimente observar como el área costera paso de ser un puerto fluvial a un lavadero de autos y motos a campo abierto cuyos desechos son lanzados a la Ciénaga que impotente trata de resistir el destino destructivo que le espera.
Los años dorados del banco de agua que inspiro canciones, poesías y versos ha pasado y se prevé que por la acción de factores ambientales, sociales e incluso culturales nuestra reserva está destinada a ser parte de un hermoso recuerdo que es borrado por la mano de la corrupción y la falta de gestión gubernamental.
Invertir en desarrollo ambiental sostenible no es una opción sino una responsabilidad de las autoridades y como bien lo dice “Don Juaco” –“si la Ciénaga se seca no solo mueren los peces y las garzas, sino también el destino de nuestra gente muere con ellos”.-





