Después de leer la columna del señor José Miguel Santamaría Uribe, el tufillo a miedo que adiviné en sus palabras, me impulsó a escribir lo que pienso sobre el temor a Petro.
Sólo se del señor Santamaría, que es un empresario significativo, que ha ocupado puestos de relevancia política y que en Colombia es considerado una persona importante.
No se debe coartar la libertad de nadie que quiera expresar lo que piensa, pero en política lo que si se debe ser es honesto, olvidándonos (cosa difícil para muchos), del yo antes que nada, para desprestigiar mediante bulos y verborrea malsana, a nuestros oponentes, por no pertenecer a nuestra corriente política.
Llama mi atención, que un señor de su valía, que da por sentado que desea lo mejor para su país, se enfrasque en desprestigiar al señor Petro. Ese es un tufillo que pega fuerte en el ánimo de los que añoramos la llegada de quien destape a los untados con el dinero mal habido, que pretenden seguir usurpando el derecho a vivir de manera decente, sin tener que recurrir a las malas mañas para lograr subsistir.
Pretender que creamos lo que escribe dicho señor, es entrar en un juego perverso para estúpidos. Lo que el señor Petro ha dicho, es que seguirá con el petróleo, pero que no apuesta por seguir invirtiendo en más exploraciones. Ha dicho además, que facilitará la emisión de moneda para canalizarla en la economía productiva (campo y la mediana y pequeña empresa), no para el capitalismo especulativo de los Bancos, ni empresarios evasores, que sacan el dinero a los paraísos fiscales.
Entiendo que la derecha colombiana (los que manejan los millones), que saben que irán perdiendo privilegios inmerecidos de los que han gozado siempre, estén asustados, sin pararse a pensar en el resto que no goza de ellos. Les molesta en grande, no poder seguir sacando provecho monetario. Es decir, seguir robando.
Decir que el señor Gustavo Petro es demasiado inteligente (cuestión que es cierta), y por ello es un peligro para el país, es de risa. Lo será para ellos (CD). Con esto demuestran la clase moral del poder mediático colombiano, que lo único que pretende es faltar a la verdad, para continuar desmoronando al país y así hacer crecer aún más su dinero, fuera nuestras fronteras.
Atacar al periodismo colombiano (según el señor Santamaría todo de izquierdas), es promulgar una mentira. Sabemos que el periódico antes del señor Santos (CD), no lo es. Además, tirar por tierra el criterio cabal de dichos profesionales no es de recibo, ya que da por sentado que a todos los une el mismo razonamiento.
Si el modelo económico que han puesto en práctica los gobiernos de derecha, hubieran sido la panacea, seríamos ejemplo mundial. El desprestigio no solo económico, es de tal vergüenza, que la imagen del país colombiano, ha quedado por los suelos: mala administración siempre, narcotráfico y aprovechamiento indebido del caudal público.

