El comienzo de 2026 deja una de las peores crisis climáticas para el sector pecuario. Córdoba concentra el mayor impacto. Fedegán exige medidas urgentes al Gobierno.
El invierno golpea con fuerza al campo colombiano. Más de 3.166 bovinos y bufalinos muertos, 27.075 predios ganaderos afectados y 546.719 animales impactados es el saldo preliminar que deja el frente frío costero en las primeras semanas de 2026, según el más reciente informe de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) y el Fondo Nacional del Ganado (FNG).
La emergencia no solo se mide en cabezas de ganado perdidas. También se traduce en 231.208 hectáreas dedicadas a la ganadería anegadas, praderas destruidas, infraestructura colapsada y miles de productores enfrentando una crisis financiera inminente.
El departamento más afectado es Córdoba, donde el impacto alcanza dimensiones críticas:
- 2.256 bovinos y bufalinos muertos
- 7.820 predios afectados
- 450.564 animales impactados
Las imágenes muestran miles de reses evacuadas a terrenos más altos, mientras otras no lograron sobrevivir al avance del agua. El balance supera las 3.000 muertes a nivel nacional, cifra que podría aumentar conforme bajen los niveles y se consoliden los reportes. Además de Córdoba, la emergencia se extiende a Antioquia, Bolívar, Huila, Tolima, Nariño, Santander y Norte de Santander, configurando una afectación regional de alto impacto productivo.
En Bolívar, el reporte indica:
- 455 predios afectados
- 2.308 animales impactados
- 37 muertes confirmadas
- 2.880 hectáreas inundadas
Las afectaciones se concentran principalmente en los municipios de Montecristo y Arenal del Sur, donde los ganaderos enfrentan la pérdida de pasturas, deterioro de suelos y riesgo sanitario para los animales sobrevivientes.
Más allá de la cifra de mortalidad, el verdadero golpe se proyecta en el mediano plazo. La destrucción de praderas compromete la alimentación del ganado, eleva costos de suplementación y pone en riesgo la productividad de carne y leche.
La saturación de suelos genera, además, amenazas sanitarias: proliferación de vectores, enfermedades podales, infecciones bacterianas y debilitamiento general de los hatos. La recuperación no será inmediata y exigirá inversión, asistencia técnica y crédito oportuno.
Ante la magnitud de la crisis, José Félix Lafaurie Rivera, presidente ejecutivo de Fedegán, envió una carta a la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, solicitando medidas extraordinarias para evitar un colapso financiero del sector. Entre las principales peticiones están:
1. Congelamiento de créditos agropecuarios
- Suspensión del cobro de capital e intereses entre seis meses y un año en zonas afectadas.
- Los intereses generados no serían considerados en mora.
- Ampliación del plazo de los créditos.
- Diferimiento de intereses durante un año tras la descongelación.
2. Línea especial de crédito con tasa cero
- Tasa equivalente a inflación.
- Plazo de 5 años.
- 1 año de gracia.
- Cobertura del Fondo Agropecuario de Garantías (FAG).
- Destinada exclusivamente a la recuperación productiva.
3. Alivio tributario
Fedegán propone la exoneración del Impuesto Predial 2026 para predios afectados o, en su defecto, aplicar transitoriamente la tarifa mínima del 1 por mil sobre el avalúo catastral, considerando que la capacidad productiva fue destruida por el desastre.
Medidas para la recuperación inmediata | El gremio también planteó acciones de corto plazo:
- Compra y distribución gratuita de silo para pequeños ganaderos, replicando convenios exitosos en emergencias anteriores.
- Venta subsidiada de insumos y semillas de pastos para medianos y grandes productores, a través de la red de almacenes municipales y mecanismos como el FAIA.
- Fortalecimiento del Incentivo de Asistencia Técnica (IAT gremial), ampliando el apoyo agronómico para la recuperación de suelos y praderas mediante la red Tecnig@n.
El desastre invernal no discrimina tamaños de productor. Pequeños, medianos y grandes enfrentan pérdidas significativas. Sin medidas rápidas y estructurales, el impacto podría trasladarse a la cadena alimentaria, presionando costos de producción y precios al consumidor.
El campo colombiano vuelve a estar en la primera línea de vulnerabilidad frente al clima. La pregunta ahora es si la respuesta institucional será proporcional a la magnitud del daño.
Mientras las aguas comienzan lentamente a descender, el desafío apenas empieza: reconstruir praderas, estabilizar finanzas rurales y evitar que esta tragedia climática se transforme en una crisis estructural para la ganadería nacional.



