Una nueva alerta por supuesto abigeato sacudió en las últimas horas al gremio ganadero del departamento de Sucre. La información corrió con rapidez por los grupos de WhatsApp de productores pecuarios y activó de inmediato a la fuerza pública en varios departamentos de la región Caribe. Sin embargo, para fortuna del ganadero Guillermo Velilla (y tranquilidad del sector), el hecho no correspondía a un hurto de ganado, sino a un caso de descuido en el manejo del predio.
Según la información suministrada por el propio propietario a la Policía Nacional, las tres vacas y sus cuatro crías que inicialmente se reportaron como desaparecidas aparecieron horas más tarde en una manga que comunica con el sector conocido como La Ceiba. El mensaje enviado por el ganadero a las autoridades fue claro:
“Buenas noches, comunicándoles que las 3 vacas y las 4 crías aparecieron esta tarde en la manga que comunica con La Ceiba, agradeciéndoles la atención prestada a la Policía y amigos que estuvieron atentos. Gracias, que Dios bendiga a las Fuerzas Militares y a Colombia. Mil gracias”.
El predio en cuestión, de aproximadamente 260 hectáreas y enmontado en buena parte de su extensión, cuenta con un cuidandero que solo asiste en las horas de la mañana. Las reses, al parecer, se habían salido del área habitual y no fueron verificadas oportunamente dentro del inventario diario.
Reacción inmediata de la fuerza pública
Ante la alerta inicial, del mayor Hernán Padilla, comandante de Carabineros en Sucre, organizó y desplegó un dispositivo de seguridad de manera inmediata. Se activaron no solo las unidades del departamento, sino también seccionales de Carabineros de Córdoba, Bolívar, Cesar, Magdalena, Atlántico, La Guajira e incluso parte de Antioquia, teniendo en cuenta los recientes hechos de abigeato que han golpeado la región.
La respuesta fue rápida, articulada y profesional. En cuestión de horas, la información estaba siendo verificada en terreno, se revisaban posibles rutas de movilización y se alertaba a los puestos de control. Todo el engranaje institucional se puso en marcha.
Y es allí donde cabe la primera reflexión: la fuerza pública respondió con diligencia y compromiso. No dudó. No minimizó la alerta. Actuó. Pero también es necesario poner el dedo en la llaga.
¿Descuido, negligencia o falta de control?
Cuando las reses aparecieron, quedó en evidencia que no se trataba de un caso de abigeato, sino de un problema interno de manejo del predio. Una finca de 260 hectáreas, con amplias zonas enmontadas, requiere control permanente. No basta con una visita matutina del cuidandero. No basta con suponer que el ganado permanece donde se dejó el día anterior.
La seguridad en el campo comienza en la finca. Encerrar los animales en corrales adecuados, verificar cercas, realizar conteo diario del inventario y establecer protocolos mínimos de supervisión y control no son lujos ni exageraciones: son responsabilidades básicas del productor pecuario.
La pregunta es directa y necesaria: ¿de quién es la culpa cuando el ganado se sale por falta de supervisión? ¿Del propietario? ¿Del ganadero? ¿De la vaca? Lo cierto es que cuando no hay control riguroso, el margen de error se amplía y las alarmas se disparan innecesariamente.
El efecto “pastorcito mentiroso”
En un contexto donde el abigeato sí es una amenaza real y constante en varias zonas del Caribe colombiano, cada alerta debe tomarse con seriedad. Pero cuando los hechos resultan ser producto de descuido, se genera desgaste institucional, operativo y humano. No es un regaño. Es una sugerencia respetuosa y objetiva.
Lo digo desde mi condición de asesor y consultor en seguridad, y como persona que se ha criado en el medio ganadero. Los policías y militares son seres humanos como nosotros. Cada despliegue implica recursos, tiempo, logística y esfuerzo. Si bien su deber es atender cada llamado, también es nuestra obligación como productores minimizar riesgos derivados de la falta de control interno. No podemos exigir seguridad sin fortalecer primero nuestras propias medidas preventivas.
Hay que agradecer (sin ambigüedades) la reacción inmediata de la fuerza pública. Su presencia permanente, su disposición y su capacidad de respuesta son fundamentales para la tranquilidad del sector rural.
Gracias a la Policía Nacional, a los Carabineros y a las Fuerzas Militares que, una vez más, demostraron que están alertas y en pro de nuestra seguridad. Pero también debemos asumir la parte que nos corresponde.
El campo colombiano necesita corresponsabilidad. La seguridad no puede depender únicamente del uniforme. Empieza en el portón de la finca, en el conteo diario, en el cierre del corral, en la supervisión constante.
Hoy no fue abigeato. Hoy fue un descuido. Que este episodio nos sirva como lección y no como motivo de división. Que fortalezca los protocolos internos de cada predio. Que nos recuerde que prevenir siempre será más eficaz que reaccionar. Y que cuando realmente suene la alarma, estemos seguros de que no se trata de una falsa alerta, sino de una amenaza real que merece toda la fuerza del Estado. Porque el campo se defiende con unidad, disciplina y responsabilidad compartida.



