Por medio de un aviso publicado hoy en dos periódicos de circulación regional, fue notificado Antonio Quinto Guerra Varela, sobre la decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar de suspenderlo ante la presunta inhabilidad señalada por la Procuraduría General de la Nación. Tal notificación se produce ante la imposibilidad de notificarlo personalmente pues desde el pasado viernes “el notificador” ha tratado de localizarlo y no lo encuentra.
Una vez publicado el aviso se entiende que se considera surtida la notificación al quinto día de su publicación, esto de acuerdo con la ley 1437 de 2011.
Ante la lamentable situación de institucionalidad que atraviesa la ciudad de Cartagena, nos encontramos que una vez este en firme y ejecutoriada la decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar, el Presidente Juan Manuel Santos Calderón, deberá designar nuevamente un alcalde encargado y el Partido Conservador Colombiano que le otorgó el aval a Quinto Guerra Varela, deberá enviar una terna para que el Presidente escoja la persona que quedará en el cargo.
Es ahí donde queremos señalar lo que se puede venir, teniendo en cuenta que dicha decisión estará fundamentalmente en cabeza de los ex senadores Vicente Blel Saad y William Montes Medina, que hoy por hoy y señalándolo con claridad, son quienes manejan en la sombra las decisiones del Partido Conservador en Bolívar; es decir, unos ciudadanos que tuvieron el honor de ser representantes del pueblo en el Congreso de Colombia y que fueron en ejercicio de sus dignidades juzgados y condenados por la Corte Suprema de Justicia, hoy sean los determinantes para escoger al Alcalde.
Tal situación nos obliga a realizar una reflexión en el sentido del desmoronamiento moral que hoy se percibe en toda la sociedad cartagenera, donde grandes decisiones serán adoptadas por ciudadanos que le fallaron a la comunidad, al salir del Capitolio Nacional a la Cárcel Modelo en razón de sus vínculos con organizaciones criminales. ¿Será que con estos antecedentes podremos estar tranquilos en el sentido, que aquel que sea escogido de los postulados, tenga la autonomía y libertad para tomar decisiones en favor de todos los ciudadanos, o sí se convertirá solo en un mandadero de quienes lo postularon?
Esta es la triste realidad de una ciudad que hoy se percibe descuadernada y sin rumbo, con autoridades cuestionadas y carentes de credibilidad y lo peor con un futuro incierto por ambiciones personalistas y de diferentes grupos que solo piensan en sus beneficios personales o grupales, importándoles poco las condiciones de pobreza, que afrontan un significativo número de cartageneros, así como el creciente desmejoramiento de la calidad de vida de la cual también son víctimas.



