Las Juntas de Acción Comunal, tienen su fundamento Constitucional y legal en la Constitución Política de Colombia Artículo 38, Ley 743 de 2002, Decreto Reglamentario 2350 de 2003 y Decreto 890 de 2008 básicamente.
Las (JAC) entre muchas acepciones, se definen como una corporación cívica sin ánimo de lucro compuesta por los vecinos de un lugar, que aúnan esfuerzos y recursos para procurar la solución de las necesidades más sentidas de la comunidad.
Es decir, las (JAC), tienen como propósito principal contribuir para lograr la participación de los ciudadanos en la búsqueda de soluciones a sus propios problemas.
A pesar de ello, son cuestionadas por los mismos que representan, porque estos aseguran que en la mayoría de los casos los miembros no trabajan realmente por mejorar las condiciones de la comunidad, sino que centran su labor en dar cumplimiento a sus intereses particulares.
En sus inicios, estas organizaciones comunales centraban sus esfuerzos en desarrollar proyectos comunitarios, pero con el pasar del tiempo se fueron desdibujando en simples fortines politiqueros.
En ese sentido, las (JAC) fueron cooptadas por politiqueros que las usan para «promover campañas políticas» y muchos de sus dignatarios, llegan con la única intención de conseguir un empleo público. ¡Vaya cinismo Cartagena!
En conclusión, el papel de las (JAC) debe de ser dinámico, que quienes dirijan realmente deben tener las habilidades y vocación social para buscar el crecimiento y bienestar colectivo.
Las (JAC), tienen un papel significativo en la sociedad. Es por ello, que sus acciones, deben ser respuesta a las necesidades de sus comunidades. Las (JAC) no deben ser ajenas a la creatividad e innovación de sus miembros.
La legitimación de lo público en las democracias modernas se cimienta sobre la base de una cultura de participación y deliberación de los ciudadanos reflexivos, informados y con capacidad de debatir sobre asuntos de las esferas privadas y públicas.
Adenda: El 26 de abril se eligen las nuevas JAC, elijamos personas idóneas y capaces, que no sean los mismos malandrines de siempre.



