La honorable Corte Suprema de Justicia, está conformada por humanos y como tal propensa a sentimientos, no de dioses, sino terrenales.
El caso del exmagistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt, se ha visto rodeado de todo tipo de intrigas, venganzas, ira, intereses políticos, amores y odios propios de la pugna banal del poder. Lo que nadie ve es que injustamente se está atropellando a una persona, familia y amigos, porque el pecado de Jorge fue no estar de acuerdo con Juan Manuel Santos – un poderoso de poderosos- en muchas cosas. Ahí se armó Troya.
Bien se acepta, se armó la de Troya, pero si ya Juan Manuel logró su propósito, él sabrá si lo hizo bien o mal, entonces no ha lugar a ensañarse con Jorge, através de terceros o por cualquier vía. Esa venganza política no es de Dios, y actuar con sevicia meridiana, no está bien.
Honorables magistrados de la Corte Suprema de Justicia, yo diferente a Vicky Dávila, si creo en su honorabilidad y temor a Dios. Por supuesto que son humanos y como tales actúan con errores y aciertos, pero no son ustedes los me van a hacer creer que en la intimidad de su yo, no saben que está bien o que está mal hecho y a eso es a lo que hay que apostarle, a actuar colocándose en los zapatos del otro sin dejar de lado la aplicación de la justicia.
Honorables magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ustedes tienen familia, y con ustedes también han sido injustos en muchas ocasiones; eso lo padecen sus seres queridos, por lo cual, no hay que hacer el juego de la ley del talión, beneficiando la mezquindad y el ego de otros, que disfrutan el sufrimiento de personas como Jorge, que seguramente no debe estar de fiesta.
Las rodillas se le inclinan a Dios, al hombre se le hace caer en cuenta de su papel en la historia, así como su insignificancia ante la verdadera supremacía Divina, quien entre otros demuestra su omnipotencia, con la permanente rotación de la tierra, donde en un tiempo es día y en el otro noche. A veces nos resplandece la vida y en una fracción de segundo, es oscuridad
Yo creo en la inocencia de Jorge. Supongamos que ustedes subjetivamente no creen en la inocencia de él, pero saben que no existe prueba contundente e irrefutablemente certera, para condenarlo, entonces como humanos temerosos de Dios, lo correcto y justo es aplicar la presunción de inocencia, independiente del maremagnum político y de medios, del cual mundanamente, se pueden dejar intimidar y es normal, pero no duden que Dios premiará su legal actuar y no los deja solos. Créanlo.
No hay satisfacción más placentera que actuar bien, y en el caso de algo tan delicado como la justicia, hacer la difícil tarea de dejar de lado el criterio de la subjetividad es actuar bien. No pretendo decir que, si condenan a Jorge, no son justos; solo Dios y ustedes conocen su conciencia.
Lo terrenal, por muy suntuoso que sea, es efímero, y ello debe ser el principal fundamento para despojarnos de la efervescencia y calor que nos puede conducir a ejercer el papel de verdugos; basados en supuestos indemostrables y «masacrar» así a una persona y su entorno, sin hacer un solo disparo.
Jorge tiene un documento donde el club el Nogal de Bogotá, certifica que su hijo, si estuvo en esa corporación en fecha y hora indicada en el escrito y refiere el exmagistrado Pretelt que el fallo condenatorio, que la honorable corte profirió contra él, no tuvo en cuenta lo plasmado en ese certificado; reconocerlo es de vital importancia en el proceso, por lo cual les correspondería a los conjueces rectificar el camino. Es lo justo.
No es mi misión condenar, ni criticar a la Honorable Corte Suprema de Justicia, ni a sus conjueces, pero mal haría en no intentar hacerles caer en cuenta, que actuar en justicia y ante los ojos de Dios, en este caso, me parece que lo indicado es hacer respetar la prevaleciente posición de presunción de inocencia del hijo, esposo, hermano y padre de familia Jorge Pretelt Chajub, porque los títulos incluido el de exmagistrado, ante el verdadero poderoso de este mundo, nuestro Dios, no sirven para un carajo.




