Ha cumplido el alcalde de Cartagena de Indias, William Jorge Dau Chamat el primer semestre de su administración, el cual ha estado signado por problemas y situaciones encontradas de administraciones anteriores, además de la realidad especial generada por el Coronavirus, lo cual ha exigido del mandatario y sus colaboradores dedicación especial para el manejo de la Pandemia en sus diferentes aristas y en consecuencia tratar de evitar los resultados letales del virus, cuya máxima consecuencia se traduce en fallecimientos de personas contagiadas.
Debemos comenzar por señalar que en estos primeros meses de gobierno se han dado una serie de actitudes en la orientación de la ciudad, que han puesto a dudar a la ciudadanía sobre el éxito de la administración Dau , ya que genera serias dudas se puedan lograr resultados positivos de continuar el talante hasta ahora mostrado.
En ese orden de ideas encontramos como una característica notoria del alcalde en ejercicio, la confrontación, en lugar del respeto y la concertación bajo principios; así hemos observados rifirrafes con concejales, funcionarios antiguos de la administración, congresistas, el gobernador de Bolívar y donde no se han escapados funcionarios de órganos de control como el Contralor y procurador general de la república, con las consecuencias que se puedan derivar por la forma como se realizan señalamiento o emiten juicios contra representantes de instituciones que merecen el mayor respeto, sin que ello signifique de ninguna manera arríar la banderas contra la corrupción como estandarte que le permitió al actual alcalde llegar al Palacio de la Aduana.
Otra característica que ha marcado el transitar en estos seis meses de gobierno, ha sido la generalización y retractaciones, donde en más de una ocasión el Alcalde ha realizado acusaciones de manera ligeras, teniendo al poco tiempo que retractarse o “tragarse los sapos”, como el mismo lo ha manifestado; todas estas conductas minan la credibilidad del mandatario, con las consecuencias que ello conlleva.
Igualmente en el tiempo transcurrido no se percibe que se haya consolidado al interior de la administración un verdadero equipo de gobierno que actúe coordinadamente bajo una orientación asertiva para el logro de unos objetivos claramente definidos que deben estar enmarcados dentro del plan de desarrollo y las nuevas condiciones derivadas por el coronavirus.
Otra dimensión de las declaraciones “Dausianas”, que causaron gran revuelo en diferentes círculos fueron aquellas donde indicaba que el Distrito arrastraba una situación financiera colocándolo al borde de la quiebra, ante lo cual el Secretario de Hacienda, Dewin Pérez Fuentes, salió al quite aclarando técnicamente la imposibilidad de quiebra del ente territorial, ya que dicha figura está calificada para las personas naturales o las empresas.
Queremos pensar que las desafortunadas afirmaciones de Dau obedecieron más a un acto de desespero y angustias para mostrar la difícil situación financiera por la cual pasa nuestra ciudad, agravada hoy y más aún a futuro, por la pandemia del Coronavirus.
Ante todos los vaivenes de la administración distrital en el semestre transcurrido, es importante que sin perder su esencia de luchar contra la corrupción, el Alcalde y su equipo de gobierno, hagan un pare, analizando objetivamente, sin apasionamiento, la situación que se está afrontando y lo más importante, lo que viene, para corregir, tomar acciones oportunas, a fin de llenar las expectativas de una ciudadanía harta de la corrupción sufrida por la ciudad de tiempo atrás, sin que se hayan castigados a los responsables de manera severa por parte de los organismos de control.
No deben hacerse grandes ilusiones quienes le apuestan al fracaso o caída del alcalde Dau, para volver al poder y seguir prácticas que comenzamos a superar, rompiendo la creencia de aquellos que por el hecho de acceder a un cargo por elección popular o designación, se consideran envestidos de una patente para disponer a sus anchas de los recursos del erario, incluyendo la apropiación de estos; de ahí que muchos de los cuestionamientos a la actual administración en materia de contratación, sean en cierta forma tolerados por parte de la ciudadanía, lo cual tampoco puede ser aceptado, ya que se debe cumplir de manera rigurosa con toda la normatividad, sin ningún tipo de distinción.
Luego surge la dualidad y preguntas sin explicación. ¿Porque investigaciones y hechos de corrupción que vienen de años atrás no han logrado dar resultados concretos en procesos tanto fiscales como disciplinarios? Ellos duerman en anaqueles nauseabundos, mientras se genera la sensación de querer ser más rigurosos con el alcalde Dau con relación a pasadas administraciones de la ciudad y el departamento.
Valga señalar que no es de buen recibo el lenguaje y el desconocimiento institucional de la cual en ocasiones ha hecho gala el mandatario local, lo cual tampoco da pie para que la aplicación de justicia pueda ser selectiva y amañada.
El panorama actual y el difícil futuro inmediato exigen más integración y menos confrontación, si de verdad queremos salvar a Cartagena. El tiempo de los mandatarios mesiánicos y autoritarios pertenece al pasado.
Por último, esperar a ver que otros hechos trae el libro blanco que comenzó a ojearse ayer domingo con muchos señalamientos y acusaciones.
Jconrado51@yahoo.com



