Prefiero a Don Alonso Quijano.
He pensado mucho en el ingenioso Hidalgo en estos días, tal vez su mundo alucinante se asemeja solo en unos aspectos a nuestra azarosa realidad. Por ejemplo, pienso en algunas de sus frases como: “dad crédito a las obras y no a las palabras”
Esta frase me ronda después de escuchar la lectura de tres tomos de un libro que reitera un discurso de campaña y que además creo que es un gran ejercicio aunque no decía nada nuevo y casi todo lo que se dijo está incurso en investigaciones y otros fueron aclarados por quienes correspondía de manera casi inmediata.
Escuchar al alcalde William Dau haciendo advertencias de manera incoherente irrespetando a funcionarios y que no pase nada es preocupante, digo esto porque en administraciones anteriores ejemplo, Quinto Guerra y su inhabilidad, la Procuraduría fue diligente y pronta, o casos como el de Manolo Duque en el que el ministerio público fue implacable, pero parece que cuando de Dau se trata es lenta, tardía y en extremo flexible.
Paso el 26 de julio y el edificio Aquarela sigue en pie, paso un nuevo hecho vergonzoso con la elección del Contralor y otra cantidad de errores administrativos y no se conoce una acción decidida de los entes de control contra el Alcalde.
El mundo delirante de persecuciones en el que está sumido no le permite ver el norte. Podríamos pensar que estamos siendo dirigidos por un alienado que nos rige a partir de planteamientos absurdos. Hay una reflexión que vengo haciendo hace mucho, ¿para dónde vamos? ¿Tendremos salida?
Ya basta de quijotadas y como dice el célebre libro en su capítulo 63 ¿no sabes tú que no es valentía la temeridad?
La actitud de Dau ni es valiente, ni es inteligente ni mucho menos es la actitud de un gobernante serio, parece más bien la actitud de un desesperado que no sabe que ni cómo manejar la situación, misma que no es fácil porque si algo hay de cierto en lo que dice es que hemos sido saqueados desde siempre.



