La generación de hoy es del mundo, no de quienes con amor y responsabilidad- los que somos- preparamos para un mundo sin fronteras, multilingüe, de redes y aislamiento social. El mundo del Covid-19.
Un mundo donde no cabe Martín Moreno, que saca lo malo y mete lo bueno. Donde los derechos están a la orden del día y los deberes son de otros. El mundo donde la vecindad no existe y compartir juegos no permite el más mínimo contacto físico, de lo contrario cualquier raspón es objeto de demanda e indemnización.
El mundo donde no se dibuja con lápiz y se esfumó el borrador de natas y tricolor. El mundo donde los animales van en cochecito y usan pañales. Donde la caridad está en el orden del día, pero debe ser debidamente reseñada en la red social.
Un mundo donde tener contacto para saludar está prohibido y mirar puede ser sinónimo de condena. El mundo donde la felicidad es a la carta, todos la tenemos, pero en la red. Apenas apagan las luces del «escenario», desaparece la pedsodent, que sea dicho de paso, desapareció. De cosa queda Colgate y en apuros.
Un mundo donde el líder es el que más like tenga y no el que más valores transpire. El mundo del dinero plástico, donde los ricos son más ricos a base de crear necesidades de adquisición «necesarias».
El mundo donde el respeto es sinónimo de límites que realmente no existen, sino en un complejo mental, confundiendo el real respeto por lo que debe ser, con un igualado tú a tú. Un mundo que perdió a Carreño por obsoleto y todo es permitido, pero nada es permitido, porque hasta una inocente broma hiere susceptibilidades e intolerancia, que pueden ocasionar el mayor lío de por vida.
Un mundo donde el corrupto es aplaudido, atendido a manteles y el honrado sufre la discriminación y señalamiento. Un mundo donde el «machín» no respeta pinta, manda la parada, colocando la pirámide de valores patas arriba.
Un mundo donde la mujer salió de su hogar a buscar dinero para comprar lo que no se necesita, porque la necesidad está creada y hay que suplirla. Además, criar hijos es anticuado y opresor. El mundo que optó por dejar la crianza, en manos del Internet. Un mundo donde una vez terminamos de leer esto, decimos: » oye verdad», pero seguimos iguales.
Un mundo donde se busca a Dios por si las moscas y que este sirva de parapeto validando las perversidades existentes y las que faltan por existir, incluida la hipocresía y envidia, porque todo está bien hecho, a todo hay derecho y a nada hay derecho. Un mundo confuso, que algunos tildan el fin de los tiempos. Un mundo que creen que el que peca y reza empata, pero no cuentan con que – como dicen en la costa; lejos de ser blasfemia y si acercamiento a un costumbrismo- creen que Dios es bobo; pues no, – entérense- Dios de bobo, no tiene un pelo.
Mire a ver: Centro Democrático, representado por la senadora María del Rosario Guerra, donó un respirador mecánico al hospital de San Marcos, en Sucre. Aplaudo esa excelente acción. Igual dijo la senadora Guerra que ese hospital ha mejorado. Le creo.



