El Covid-19 ha influido en la vida de las personas de manera distinta, con afectaciones en la salud física, mental y emocional; el estrés de la situación se ha manifestado de muchas maneras, entre ellas con largas noches de insomnio.
Este es un problema de salud bastante frecuente, entre el 10% y el 20% de la población lo padecen, en los adultos es más frecuente (del 30% al 50% lo sufren), sin embargo, los niños también pueden afectarse. Consiste en la dificultad para conciliar o mantener el sueño, esto se acompaña de fatiga, cansancio o irritabilidad.
¿Por qué se produce?
Hay varios factores asociados a su origen, entre ellos factores genéticos, ambientales o debido a la presencia de algunas enfermedades o trastornos psiquiátricos.
La separación, el divorcio, la pérdida de un ser querido o situaciones estresantes como las que estamos viviendo actualmente pueden desencadenarlo. Esta pandemia ha traído consigo el confinamiento, la pérdida de empleos, la pérdida de seres queridos y otras situaciones que generan un nivel de estrés muy alto en personas de todas las edades.
Los efectos del insomnio
Ocasiona angustia, dificultad para concentrarse, el rendimiento escolar también puede verse afectado, hay deterioro del funcionamiento durante el día (las personas no pueden realizar sus actividades con normalidad). Puede volverse crónico con periodos de remisión y recaídas. La situación tiene unas consecuencias plenamente identificadas por la ciencia.
Aumenta el riesgo de hipertensión, depresión, ansiedad, abuso de sustancias psicotrópicas, conducta suicida, accidentes automovilísticos y trastornos inmunológicos.
Manejo no farmacológico
La higiene del sueño es indispensable, se trata una serie de actividades para favorecer un sueño saludable, como acostarse a la misma hora con o sin sueño, evitar siestas largas en el día, cenar antes de 7 de la noche, evitar el café, el fumar y las bebidas alcohólicas, limitar el uso de dispositivos electrónicos en la noche, y hay que tener en cuenta también que no es buena idea comer o leer en la cama. La terapia de relajación es otro elemento importante para ayudar a inducir el sueño (meditación, yoga, ejercicios de respiración, etc).
Si lo anterior no funciona, la terapia cognitivo-conductual y el manejo farmacológico son alternativas, siempre que sean orientadas por un profesional de salud mental.
La automedicación con pastillas para dormir no es una opción para considerar teniendo en cuenta que estos medicamentos pueden ocasionar efectos nocivos para la salud y el médico deberá seleccionar mediante una evaluación clínica quienes son candidatos para recibir este tratamiento, dependiendo de las condiciones de salud de cada persona.
Perfil de la columnista: Médico de la Universidad de Cartagena, con maestría en Epidemiología clínica de la Universidad Nacional de Colombia, con 30 años de experiencia profesional como clínica, docente universitaria y como consultora (fui consultora de UNICEF para Latinoamérica y El Caribe, para el Ministerio de Salud y Protección Social, para OPS, OIM y otras entidades del país).




