El pasado fin de semana, las terroríficas imágenes de la quema de templos católicos se hicieron viral en las páginas sociales. La mayoría de las personas manifestaron su profunda indignación ante un acto premeditado, intolerante, un auténtico ataque terrorista perpetuado por seguidores de filosofías ideológicas anárquicas y progresista que pretenden destruir todo lo que se atraviesa a la legalización, constitucionalización e imposición de sus propósitos ideológicos y políticos.
Esos ataques han sido sistemáticos en los últimos tiempos, y el ejemplo de Chile, Nicaragua, Francia, México, Estados Unidos, alertan el mundo y la sociedad para el creciente sentimiento anti católico, anticlerical y anticristiano, escondidos en las justificaciones de las luchas sociales.
Desgraciadamente, hoy en día, muchos católicos desilusionados con ciertos escándalos de la Iglesia, enfermos de modernismo, de populismo y progresismo caen en las garras de ideologías y valores contrarios al evangelio ante los argumentos sociales, políticos y neoteológicos, y de las garras de los lobbies propagandistas instalados en los parlamentos, senados, plataformas virtuales y comunicación social.
No deja de ser curioso que muchos jóvenes son los que lideran esos ataques. Preocupa que un sector de la juventud se ha animado a internarse, cada vez más, en caminos luciferino. Son más y más los jóvenes que, con plena consciencia, portan horrendos símbolos satánicos y tienen comportamientos, pensamientos y sentimientos de resentimiento, odio social y religioso que los conducen a actuar en conformidad a la maldad inculcada en sus corazones.
Esta agresividad es el resultado de una siembra humana. Se ha sembrado mucho odio de forma intencionada. Los sembradores del odio llevan mucho tiempo trabajando. Las páginas sociales, líderes políticos, líderes empresariales, actores, personajes faranduleros, medios de comunicación social, líderes religiosos y otros movimientos, se han encargado de sembrar ese odio anti católico, anti clerical y anti cristiano generalizado con ataques sistemáticos a los símbolos y valores religiosos.
Sabemos muy bien que los lobbies instalados en todos los estamentos de la sociedad pretenden legalizar normas, conductas y comportamientos que choquen con el conservadorismo doctrinal de la Iglesia Católica y de Iglesias Cristianas que son actualmente las únicas opositoras y a hacerles frente a los grupos ideológicos anárquicos, progresistas que, en nombre de libertades e intereses, pretenden destruir los valores éticos y morales de la sociedad.
Es muy complicado frenar esta ola de odio. En muchos países cobardemente temerosos de las acciones de esos grupos radicales, prefieren darles el gusto, arrodillándose a sus demandas, manipulando las constituciones de sus países, y de los valores democráticos de sus naciones, enfatizando en los derechos individuales, aplastando los derechos colectivos y sus valores.
Los católicos, conscientes de los valores de su fe, deben ser apologistas de los valores doctrinales enraizados en la Palabra de Dios. Es tiempo de una cruzada espiritual hecha de oración, de misericordia, de amor y de compasión. A la hora de elegir a quien nos representa, también debemos tener muy claro quien defiende en sus propuestas políticas y sociales los valores que creemos y quién no. El creyente que coloca el sello de su elección en aquellos que pretenden destruir, con sus ideologías, los valores del evangelio, será cómplice de las equivocadas opciones y fuera de la gracia de Dios.
Dice el Padre Fortea, exorcista del Vaticano: “Uno mira las nubes del cielo y la dirección del viento y da la impresión que desgraciadamente vamos a vivir tiempos de persecución generalizada y con todos los sellos y rúbricas de las instituciones del Estado”. Estemos preparados, vigilantes y en permanente oración para combatir el buen combate y defender la fe (2 Timoteo 4, 7)
Perfil del Columnista: Ordenado Sacerdote el 13 de octubre 1996. Terminó Estudios Teológicos y Filosóficos en la Universidad Católica de Lisboa (Portugal). Licenciado en Teología de la Vida Consagrada en Roma. Fue vicerrector y encargado de la pastoral educativa del Colegio Santa Dorotea de Cali. Actualmente Asesor Espiritual de la Institución Educativa Gimnasio del Rosario y otras instituciones Educativas y del Centro de Neurorehabilitación Fundación San Rafael en Sincelejo.




