En el contexto de la nueva normalidad, las tecnologías de la información y los procesos de transformación digital han subrayado su importancia y protagonismo.
La revolución de la tecnología viene acompañada de muchos cambios, entre ellos la creación o destrucción de empleo, la manifestación de una u otra está íntimamente ligada a la distribución de la inversión empresarial, en talento humano y su capacitación y/o en máquinas y tecnologías con la capacidad de automatizar tareas o disminuir la necesidad de intervención humana.
Vivimos en una era en la que la creación de valor añadido se fundamenta en las sociedades de aprendizaje, la creación de conocimiento, las tecnologías de la información y la toma de decisiones en escenarios de incertidumbre.
Hoy en día las maquinas nos han superado en la resolución de problemas y en la ejecución de rutinas de baja, mediana y alta complejidad.
¿Si las máquinas superan al humano en la resolución de problemas y tareas rutinarias, que debemos hacer para evitar ser obsoletos y agregar valor? La preocupación del impacto de la tecnología en el mercado laboral es legítima.
En la coyuntura actual distintas plataformas y aplicaciones han posibilitado el cumplimiento de labores de forma remota y resulta evidente que la capacitación y educación tecnológica es un paliativo a las preocupaciones que subyacen al mercado laboral a nivel global.
Si bien el desempeño de las maquinas y los algoritmos de inteligencia artificial nos superan en la resolución de problemas de tipo determinista, se debe tener en cuenta que la realidad de las empresas y las economías enfrentan pluralidad de problemas de alta complejidad; interpretación de contextos en los que la definición de los problemas es crucial, la definición de estas situaciones, su diagnostico y el planteamiento de distintos abordajes y posibles soluciones requiere de capacidades cognitivas propias del ser humano.
La capacidad de abstracción y pensamiento complejo siempre han sido cualidades deseables en cualquier profesional, en la actualidad parece ser cada vez mas importante la capacidad de interconectar distintas dimensiones de la realidad, pero además de ello es necesario tener la capacidad de sintetizar y transmitir ideas clave de manera eficiente, tarea esta ultima que se logra a través de habilidades blandas, pensamiento algorítmico y el uso de herramienta tecnológicas, entre otras.
Los jóvenes de hoy tenemos el gran reto de cultivar un amplio espectro de competencias que nos permitan comprender, interactuar y adaptarnos con flexibilidad a la creciente complejidad del entorno.
Al tratarse de un mercado, el laboral, como cualquier otro, está sujeto a las dinámicas de oferta y demanda, lo cual sugiere que las competencias que decidamos desarrollar a lo largo de nuestras vidas deben ser en la medida de lo posible muy distintas a las tareas que puedan ejecutar con facilidad las maquinas.
Los organismos encargados de diseñar políticas públicas tienen conciencia de la importancia del pleno empleo para el buen funcionamiento de las economías.
El acceso y descuentos de la financiación para las empresas ofrecerá a mediano y largo plazo, la posibilidad de invertir generosamente en mejoras para la productividad. A los sectores industriales les resultará casi irresistible invertir en maquinaria que facilite y automatice la gestión operativa, para disminuir los costos y riesgos asociados. La alternativa complementaria es la inversión en tecnologías de la información.
La inversión desmedida en maquinaria tiene como efecto previsible la disminución de la demanda por fuerza laboral poco cualificada, mientras la proliferación de las tecnologías de la información y la comunicación prometen aumentar la demanda y mejorar las condiciones laborales, el efecto beneficioso de esta segunda se debe a que no se trata de tecnologías que sustituyan de manera absoluta al ser humano, sino que están pensadas con el fin de mejorar el desempeño en tareas que requieran las competencias antes mencionadas, es decir, tecnologías asistentes de la inteligencia.
En el escenario global actual, esta dinámica polarizadora del mercado laboral se acelerará notoriamente, es decir que muy probablemente disminuirá la demanda por fuerza laboral no cualificada, disminución de demanda que se traducirá en pocos empleos, muchos aspirantes y precarias condiciones laborales. Es posible un aumento gradual de la demanda por el talento humano cualificado y mejoras de las condiciones laborales para este nicho.
Es recomendable que en estos escenarios de tanta incertidumbre los gobiernos tengan dentro de sus prioridades las políticas en pro del acceso a la educación, información y tecnología. Así como la creación de estímulos e incentivos para que los distintos sectores inviertan en tecnologías de la información y en la capacitación del talento humano con el fin de lograr una transformación digital-laboral sostenible que contribuya a la recuperación de las economías de las naciones, las empresas y las familias.




