De las figuras constitucionales inservibles para corregir actos deshonrosos de los funcionarios del Estado de alto nivel, como los ministros de despacho, es la Moción de Censura, debieran abolirse de nuestro ordenamiento jurídico, realmente, es un esperpento, solo catapulta a malos servidores públicos que retan el buen juicio de valor de la sociedad colombiana, les otorga de paso, una popularidad ficticia a individuos que no merecen semejante dignidad.
Vergonzoso trámite institucional, todo ello, a propósito de la nueva fallida intención de censurar al ministro de defensa, Carlos Holmes Trujillo, por motivos incontrolables sobre masacres perpetradas en territorios revictimizados, violaciones a derechos humanos a personas en protestas, abusos de poder en Ejército y Policía; pasó el debate de censura, ahí se quedó atornillado en el cargo, ahora esperar a que el imperioso ministro decida renunciar para caprichosamente lanzarse al ruedo por la puerta grande a la presidencia 2022.
La moción de censura la encontramos en el artículo 135, numeral 9, de la carta magna, en ese precepto constitucional ordena que los ministros de despacho, deben acudir a las sesiones del Congreso de la República previa citación y expliquen los actos propios de sus funciones, debatir en plenaria y votar con mayoría absoluta, sí que queda o se va del cargo, es decir, no es un asunto menor, tampoco que el funcionario busque evadir con “jugaditas” su responsabilidad de rendir cuentas al pueblo colombiano sobre sus decisiones generadoras de controversias sinuosas al interés general.
Imposible que un ministro en las actuales circunstancias se le retire de su puesto, se requiere mayorías aplastantes, eso no ocurrirá porque existe la mermelada que debe consumirse, en pocas palabras, el asunto no es de Estado, sino, de voraz apetito burocrático que encanta a la rosca, ingenuo pensar que un simple debate va a echar a ministros, mejor aún, se va a tragar con más delicia que los dulces de semana santa.
La censura es un derecho democrático, pero no es posible ejercerlo, el que está en el poder maneja el lobby, el pasillo, el recado, para convertir en obedientes a los encargados de votar positiva o negativamente la moción, es una mera ilusión, una osadía, un atrevimiento postular a un ministro a la picota congresional para validar o improbar sus decisiones.
No sé a qué juega el ministro Holmes, cuando aparece en pantalla virtual con banderas pomposas, Colombia, no tiene gobierno militar, él es un civil deudor de informes acertados, tranquilos, sin rabia, sin petulancias, porque es servidor público que pagamos los colombianos con nuestros impuestos, no es un favor pedido, son obligaciones que se exigen cumplir.
El país no debe seguir transitando por emociones odiosas, existen innumerables problemas serios en la Colombia profunda que ameritan resolver urgentemente, pero primero, lograr acuerdos sopesados son gananciales razonables.
Aceptar abusos y errores tácticos en la fuerza pública es de estadistas y valientes, no seguir politizándolas, generales retirados ya muestran inconformismos internos. ¿Por qué no se votó la censura? Si estaba sobrado.




