El país está a adportas de una nueva reforma tributaria. Ello es normal que se dé año tras año, pero como todo conflicto de intereses, tiene dos partes, el que propone y el que aprueba, en consecuencia, entra en juego el proceso de negociación, que no es más que un momento en que las partes involucradas se preparan, intercambian valores y llegan a un acuerdo. Lo normal sería un gana-gana, donde los sectores queden contentos. Pero ese fenómeno de la negociación no se da en nuestro país, ya que los actores son dos partes y se afecta una tercera y esa tercera no es más que el pueblo colombiano, que nada tiene que hacer ante la imposición de resultados donde los dos primeros negociadores, el gobierno y el congreso, tienen sus propios intereses, que por supuesto no son los mismos de los contribuyentes.
Hagamos un recorderis o mas bien miremos por el espejo retrovisor (acto que les gusta a los malos mandatarios para justificar su inoperancia en sus nuevas administraciones) y observamos, que al principio de su mandato el presidente Duque, por efecto de la rivalidad política con el ex presidente Santos, alegó que al país se lo habían entregado con un hueco fiscal de más de $25 billones, sin embargo, su ministro Carrasquilla decía por otro lado que el “Hueco” era de $14 billones.
Lo único cierto fue que el nuevo gobierno insistió que había que modificar el presupuesto que le habían aprobado para 2019 de $206,6 billones y presentó la famosa Ley de financiamiento que de 25 pasó a 14 billones de pesos. Dicha Ley, no era más que una iniciativa que tenía como objetivo principal enmendar el supuesto desfinanciamiento del Presupuesto General de la Nación que le habían endosado al nuevo mandatario. Por ese motivo, los dos gobiernos se “dieron con el balde” y los primeros alegaban que su “huequito” era solo de 5 billoncitos y lo que quería Duque eran 25 para la “mermelada” de los que lo eligieron y el segundo que el desfase era producto de la corrupción y la politiquería.
El país político tiene mala memoria, para recordar, el cuento del déficit fiscal ha sido constante, Pastrana (1998 a 2002), dejó un hueco de 7,3 billones, el expresidente Uribe (2002 al 2010), dejó un faltante de 21 billones, el ex presidente Santos, alega que su gestión fiscal lo entregó con un hueco de 5 billones.
El país “Locolombia” que paga impuestos, se mantuvo a la expectativa por casi nueve semanas, hasta la madrugada del 20 de diciembre 2019, cuando, en un horario sin precedentes aprobaron la nueva ley que tuvo 160 artículos y, según Carrasquilla, le permitía al país recaudar unos $13,5 billones. Hay que tener presente que para la elaboración de nuestro presupuesto, no solo se tiene en cuenta las necesidades del país o los problemas de recaudo, ello representa tan solo un 20 o 30%, ya que el restante 70 u 80% son requerimientos de la banca mundial u organizaciones comerciales como la OCDE.
No conocemos en detalle la nueva reforma tributaria que será presentada ante el Congreso, sabemos del desconcierto político – social, cuando el viceministro de Hacienda, Juan Alberto Londoño, adelanto que“…no hay planes de aumentar el IVA, cuya tarifa es del 19%, pero sí de aplicarlo a productos que actualmente están exentos y que podrían considerarse suntuarios”. El gobierno aspira a obtener un recaudo entre $15 y $20 billones (1,5% a 2% del PIB) y se centrará también en las personas con mayores ingresos, con ajustes a los impuestos como el IVA y renta y en la reducción de las exenciones.
La cosa no va a ser fácil, cuando incluso, miembros del partido de gobierno (CD) ya lo cuestionan, por varios motivos, la pandemia, el desempleo, la recesión económica entre otras, y los sectores de oposición se preguntan: ¿Esos $15 y $20 billones son huecos dejados de Duque para Duque, o todavía hacen parte del sofisma de Santos – Duque?
El pueblo raso también se pregunta incesantemente ¿Por qué siempre nosotros? Cuando las autoridades saben dónde está el problema. La evasión de impuestos o los que esconden sus ingresos, pero, paradójicamente la DIAN, la encargada del recaudo, lapidariamente nos dice que el costo de la evasión podría pasar de $400 billones, el contrabando, por arriba de los 40 o 50 billones de pesos, mientras, el Fondo Monetario Internacional, quien apoya la reforma con políticas neoliberales, exclama que la tasa de evasión del IVA estaría alrededor de 40% al 50% del total de lo que se recauda (14 a 20 billones de pesos). Ello sin mencionar la economía subterránea, los paraísos fiscales, los costos inflados de producción en una empresa para pagar menos impuesto, lo poco trasparente de nuestro sistema tributario, de cómo se distribuyen y de su uso correcto.
Entonces. ¿Por qué buscar el hueco fiscal en el IVA? Si todos sabemos dónde buscarlos y quienes lo evaden, pero lo cierto es que les importa un “comino” a los ideólogos de las reformas tributarias, anquilosados en las cómodas poltronas de Hacienda y Planeación, lo que pueda decir el papa Francisco en su nueva encíclica, ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos)… “la fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado”, al tiempo que arremetió fuertemente contra el neoliberalismo, al apuntar que este se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”. Que no salgan ahora con el cuento del que el papa es Castrochavista….



