Es necesario querer a una tierra o a una región para gobernarla, es necesario vivir en ella y sufrirla para querer defenderla. No es solo llegar a incendiar a una ciudadanía harta de tanto desgobierno, víctima de abusos, saqueos, violaciones y toda clase de corrupción en todos los aspectos.
No es venir de otras regiones o ciudades y pretender sin ninguna clase de arraigo ni conocimiento de nuestras falencias o fortalezas, pretender liderar de manera egoísta y mal intencionada procesos o incidir para beneficio propio.
Aquí el problema real no es el alcalde Dau ni sus amigos o seguidores, ellos son el problema actual, pero el mal viene de siempre, estos, los de hoy son tan graves o peores que los anteriores, tienen ese plus incendiario que hoy día es tan caro para todos.
- En la historia reciente no he visto un dirigente local que actúe de manera tan irresponsable, que incite a perturbar el orden público o a la violencia como hoy vemos.
Algo que no tenemos en Cartagena hoy día es gobernanza y hace mucho no la tenemos, me atrevo a decir sin temor a equivocarme que los últimos cinco alcaldes elegidos en la ciudad no tienen idea de lo que es gobernanza.
La ingobernabilidad es una constante, está ahí, palpable y no señor, no es culpa de la actual administración, aunque esta la ha profundizado, la falta de malla vial que cada día se hace más notoria, la vergonzosa deuda con la salud que data de tiempo atrás y que hoy dio pie a nuevos escándalos de corrupción al hacer truculentas jugarretas con la controvertida ley de punto final, el aseo urbano cada día peor, el alumbrado público, la descarada manipulación de la adjudicación de la interventoría de la misma, el espacio público acéfalo o con una cabeza inútil.
Cada corrupta administración ha hecho negocios con estos y la administración actual no es la excepción, tenemos usurpación de poderes y de funciones, esto hoy lo estaríamos viviendo si el podio de la Aduana lo ocupará cualquier otro de los catorce aspirantes que en dos 2019 se postularon a la alcaldía de Cartagena.
Todo hace parte de un mecanismo perverso diseñado para que así sea, lo que no quiere decir que deba continuar siendo, pero hace falta que quienes lleguen al poder quieran y sepan cómo desarticular la estructura y claro esta, que no tenga amarres que se lo impidan como hasta hoy viene pasando, seguimos viendo más de lo mismo, claro está que aderezado por un desagradable show mediático muy parecido a los programas tan populares en la década de los noventa.
Necesitamos entender la epigenesis de la cartageneidad, apropiarnos de estos, arraigarnos de esos genes del pasado, esos que hace dos siglos nos hicieron heroicos y despojarnos de esa conducta impuesta por foráneos que no tendrían porque sentir la necesidad de rescatar lo poco que saqueadores pasados y presentes han dejado de la ciudad, ¿acaso no es algo aberrante la famosa ley de despojo y la forma como piensan apropiarse de los espacios y la contratación? o Justificar que las secretarías más importantes estén en manos de personas que no conocen la ciudad, ni a su gente ni sus necesidades, que se importen funcionarios y empresas despreciando la mano de obra local y menoscabando a nuestras empresas y profesionales.
Hoy tenemos en la dirección del Tránsito Distrital a un barranquillero que no tiene idea de que es un sparring pero eso sí muy amigo del emperador de la gorra que cada vez que se asoma en Cartagena es para saquearla.
Qué decir del nuevo secretario de planeación, un cachaco recomendado por Peñalosa o la secretaria de hacienda también importada, el secretario de infraestructura traído de Magangué, es que el Acalde ha sido claro en que los cartageneros solo seremos tenidos en cuenta para cuando se requiera mano de obra no calificada. Por todo esto que se hace necesario que sepamos qué pasa, como pasa y por qué pasan los eventos que hoy nos tienen postrados.
Es por esto que necesitamos que sea una Cartagena para los cartageneros y de aquí partamos a ser una Cartagena para todos.



