Me llamó la atención esta semana la encuesta de la firma Polimétrica sobre lo que piensan los jóvenes colombianos entre los 18 y los 25 años, y sobre todo lo que dicen de sus tendencias ideológicas. El 28% se ubica en la izquierda, mientras que en el total de encuestados esa porción se reduce al 21%. Hay en ambos casos una franja de centro de 64%, mientras que en la derecha se ubica un total nacional del 15% y apenas el 8% de los jóvenes.
En el terreno más concreto de las afiliaciones partidistas, la encuesta dice que la juventud colombiana se siente más afín a Colombia Humana, el Partido Verde y el Polo, todos de izquierda y centro izquierda -ninguno con más del 6%, mientras que partidos como el Centro Democrático, el Conservador y Cambio Radical parecen conquistar todos apenas al 1% de esta franja etaria.
Es necesario mencionar aquí que se confirma una realidad muy importante: el porcentaje de los jóvenes que se declaran sin partido es del 76%, 9 puntos por centuales por arriba de la correspondiente al total nacional (67%).
Estos datos me hicieron recordar una frase que se le atribuye a Winston Churchill, sin que haya plena certeza de ello: “Quien no es de izquierda a los 20 años no tiene corazón, pero quien a los 40 los sigue siendo no tiene cerebro”.
Parece natural que, en medio de las ganas de rebeldía y cambio que trae la adolescencia haya más inclinación por las ideas de izquierda que han sido la voz minoritaria tradicional en la sociedad colombiana, pero es más interesante ver que hay una gran cantidad de jóvenes sin identificación política alguna, que deben también ser muchos de ellos de esa franja que se dice de centro.
Lo que en el fondo se ve es una falta de cultura política enorme cuando no desinterés o rechazo claro frente a todo lo que huela a política. Pero también se puede observar que la izquierda ha hecho un mejor trabajo que la derecha para conquistar a las nuevas generaciones: un extremo tiene una porción tres veces mayor a la del otro.
Vale la pena preguntarse, entonces, si quienes no somos de izquierda debemos dejarle a esa especie de ley ‘natural’ de la vida la labor de volver menos de izquierda a los jóvenes -lo que suele suceder cuando tiene que empezar a autosostenerse o mantener a sus propios hijos o a sus padres- o hay que hacer algo más para no se los lleven las olas de las ideas revolucionarias populistas y violentas, cuando no las del enriquecimiento fácil a través de todo tipo de delincuencia.
¿Se puede hacer algo más para que su papel en la política no se reduzca a dejarse llevar por quien les compre el voto o a gritar y tirar piedras o -peor- bombas, como pasó esta semana en Cali y otras ciudades? Creo que sí se puede y se debe hacer más.
Se puede hacer más dándoles mejor educación, rescatando la enseñanza de la historia con parámetros modernos en los colegios, enseñándoles a tener pensamiento crítico propio, contándoles que la constitución no es letra muerta, invitándolos a participar en las decisiones que les atañen, mostrándoles que pueden hacer muchos cambios en la vida de la sociedad a través de medios democráticos y pacíficos. Y promoviendo cambios generacionales y democráticos en la dirigencia política. Hay que abrir las ventanas en las viejas casas partidistas.
Y -¿por qué no?- también se puede hacer algo más diciéndoles desde el colegio que Papa Estado no tiene todas las respuestas; hablándoles de educación financiera, de innovación, de emprendimiento y de creación de empresa con responsabilidad social como elementos claves para la vida como individuos y como sociedad.
Es curioso ver a jóvenes que a los 15 años ya se plantean ser famosos y resolver su vida económica siendo inventores, youtubers, chefs o futbolistas, y que a los 25 años ya han creado fundaciones sociales, y no veamos en ello una oportunidad para generar equilibrios que le den estabilidad a la sociedad colombiana.
……………..
juaber.et@hotmail.com



