Cualquier violación de los Derechos Humanos es un crimen de lesa humanidad venga de donde venga y va vehementemente rechazado por toda la ciudadanía. Jamás se puede justificar la muerte de inocentes.
Que las investigaciones sean céleres y la judicialización implacable contra todos los que mataron, vandalizaron, robaron y destruyeron, no solamente los autores materiales, también los ideólogos, los que con sus trinos o comentarios en plataformas virtuales incendiaron e incentivaron a la violencia.
La valentía de las marchas pacíficas en la cual tantos jóvenes salieron a reivindicar un nuevo país actualmente viciado y carcomido por tanta corrupción, quedó empañada por actos de violencia premeditados, organizados por infiltrados que no tienen nada que ver con el vehemente reclamo de los jóvenes al derecho de soñar un nuevo país.
Además del descontento por tanta injusticia social y corrupción, no deja de ser muy preocupante y muy peligroso la ideologización del odio orquestada por los dos bandos que tienen polarizado el país liderados por sus cabezas en una lucha de soberbia, de poder y egocentrismo enfermizo sin precedentes en nuestra patria, y que ha arrastrado a los seguidores de ambos bandos en una guerra de insulto, odio y maltrato evidenciado en las páginas sociales, cayendo en la trampa de sus demoníacas manipulaciones.
Ojalá la clase política, la sociedad civil, religiosa artística, deportiva y cultural de este hermoso país entendamos que es la hora de construir juntos. Hay que parar inmediatamente el derramamiento de sangre y todo tipo de violencia, es la hora de construir juntos con el pueblo un nuevo país donde se acaben las desigualdades, la corrupción, donde el erario no caiga en manos de gente inescrupulosas en beneficio propio, donde cada ciudadano tenga derecho de soñar, crear, viajar con un empleo y un salario digno, con una educación de calidad, con una vivienda digna, donde la justicia sea realmente igual para todos, dejando de ser politizada, donde los victimarios no sean premiados y las víctimas desprotegidas y abandonadas, donde los líderes sociales tengan las garantías de seguridad para desarrollar su misión, donde el campesino sienta orgullo de trabajar en el campo viendo valorizados sus productos.
Un país con un sistema de salud que responda a las necesidades de todos, con políticas serias de protección de los recursos naturales, del desarrollo de tecnologías de punta y de la investigación científica, del apoyo a la cultura, artes y al deporte, de la protección de los valores de la familia, del derecho a la vida, donde el que quiera crear su propia empresa o cualquier otra iniciativa privada tenga todos los recursos necesarios generando así empleos, donde los adultos mayores tengan garantizada su ancianidad con pensiones dignas, donde los jóvenes se sientan seguros que nuestra patria es una tierra de oportunidades sin la necesidad de emigrar finalizando sus carreras universitarias y donde todos unánimemente condenemos y rechacemos a todos los que quieren delinquir, a todos los que con la fuerza de las armas nos quieren destruir, y a todos los que incentivan a la violencia o desarrollan actividades ilícitas y a los que los protegen social y políticamente.
Para eso debemos bajar las armas del odio, del rencor, del resentimiento, del egoísmo y de la soberbia. No a la violencia, no al derramamiento de sangre, no al salvaje vandalismo, no a la violación de los derechos humanos. Debemos iniciar un proceso de sincero perdón y reconciliación nacional, sanar heridas abiertas por la historia de tanto dolor, resentimiento, rencor, sufrimiento, injusticias sociales y abandono.
Es la hora de sentarse, confrontarnos en la diversidad de ideas, de dialogar y buscar consensos entre todos para llevar adelante este hermoso país con tantos recursos, con tanta creatividad, con tanto talento humano y con tanta diversidad artística y cultural.
Que todos aportemos a construir ese nuevo país soñado y no a destruirnos y a matarnos los unos a los otros. Gracias juventud colombiana de bien y pacífica por darnos hoy una gran oportunidad de construir una nueva Colombia en paz. Que la Virgen del Rosario de Chiquinquirá nos cubra con su manto, que el Sagrado Corazón de Jesús guarde y bendiga a esta hermosa patria y su valiente pueblo.



