Lo visto y leído en los últimos quince días en Colombia no deja mucho espacio para el optimismo. Hay en el ambiente la sensación de que estamos en una pesadilla que parece apenas estar comenzando.
Se puede ir mañana la pandemia y no habrá muchas razones para celebrar porque los problemas derivados de ella, evidenciados por ella o exacerbados por ella, seguiran vivos por largo tiempo y nos pueden llevar a peores escenarios si no encontramos propósitos comunes como país.
De la polarización en torno al proceso de paz, estamos pasando poco a poco a la polarización de clases y quizás de generaciones, que le hace tanto daño al sentido de solidaridad y enrarece la convivencia inevitable.Y en esa confrontación, otras fuerzas tratan de sacar provecho para sus intereses particulares, sus negocios de siempre.
Es cierto que hay cosas que cambiar, porque hay colombianos con una vida muy precaria. Es cierto que el país debe evolucionar si queremos cimentar libertades y derechos para todos. Sin embargo, eso no se logra generando más heridas, destrucción y sometimiento. No se consigue tampoco de la noche a la mañana y sin el aporte colectivo.
Se logra con el debate civilizado y preservando la posibilidad de elegir -de decidir- que debemos tener todos. El resultado no será una sociedad perfecta, pero si una en la cual todos podamos encontrar oportunidades y seguir construyendo Esa es la verdadera democracia.
La gente con poder tiene hoy una pesada responsabilidad sobre sus hombros: hacer que las cosas se encaucen por ese acuerdo social que debemos respetar y que no es otro distinto a la Constitución. Ese papel no les interesa ni a las mafias ni a los violentos, que ya a estas alturas parecen ser los mismos. A muchos que están en la calle protestando o trabajando, sí. ¿Por qué, entonces, seguirles el juego a quienes no quieren soluciones ni acuerdos, y si un país destruido e ingobernable?
- Lo responsable era rechazar una reforma tributaria sin los pies en la tierra. Y se logró: la retiraron y pagó por ello un ministro sin cálculo político. El gobierno entendió que el palo no estaba -ni estará por mucho rato- para cucharas y ha planteado ahora una propuesta bastante más razonable, en la cual los más pudientes aportarían más.
- Lo responsable ahora es bajar de las nubes a los líderes del paro que quieren con su pliego armar un país totalmente distinto -ideal para ellos- pero igualmente insostenible para un Estado sin recursos.
- Lo responsable es renunciar a muchas de esas pretensiones y entender que es el momento de negociar, de calmar las aguas y de no hacerles el juego a quienes quieren solo caos para sacar réditos personales.
Estamos a un año de escoger un nuevo presidente. No podemos llegar a esa cita con Colombia incendiada y con el optimismo por el piso, como ahora. Actuemos con responsabilidad. Email: juaber.et@hotmail.com



