Sin duda el turismo religioso es un nicho de mercado que está en crecimiento, más allá de la fe y sus connotaciones sociales, los lugares de devoción y peregrinaje con particularidades histórico culturales, son un excelente escenario para la economía que de ellos se pueda derivar.
San Benito Abad, municipio sucreño, que por excelencia es en este departamento del Caribe colombiano un lugar que reúne componentes singulares representados en tradición, patrones religiosos, espirituales y paisajísticos, que en un conjunto de atributos naturales y favorables, lo hacen propicio para el turismo religioso.

Rodeado de ciénagas, recursos faunísticos y pequeros, sabanas naturales, ecosistemas de transición entre bosque seco y bosque muy seco tropical, con una calidez humana apreciable, una gastronomía tradicional reconocida y tradición pecuaria de trashumancia, tiene como centro su basílica menor, en donde romería de fieles visitan dos veces al año a su moreno Cristo milagroso, una de ellas dedicada a la reconciliación y el perdón, y la otra para celebrar el cumpleaños de su llegada al pueblo.
Muchas leyendas maravillan en su oral tradición, pero cabe destacar la del Cristo milagroso. Se dice, que tres viajeros llegaron a Carbonerito, caserío ubicado entre San Benito (Sucre) y Chinú (Córdoba) y se hospedaron en una pensión. Allí se encerraron en su habitación y durante muchos días seguidos y sin descanso se escuchó martilleo sobre madera. Un día cualquiera cesaron los ruidos, precavidos los lugareños abrieron el cuarto y hallaron, para su sorpresa, tres ataúdes con las imágenes de tres Cristos. Dicen que, los visitantes se habían convertidos en santos y cada uno iba dirigido a un lugar preciso: Mompox (Bolívar), Zaragoza (Antioquia) y San Benito Abad (Sucre).
Aparte de esta leyenda y muchas que rondan por la región y que son igualmente maravillosas, San Benito Abad, hoy, para poder desarrollar su potencial turístico, del cual posee las cualidades, requiere mayor atención en lo que a infraestructura y formación pertinente hace referencia. Deseable sería, poder ofrecer al visitante la comodidad requerida, los paquetes variados y apetecibles que su entorno posee, y pueda de este modo, valorizarse un sistema turístico para bien del desarrollo económico y social que esta comunidad necesita.
No se debe olvidar que las regiones potencialmente aptas y con peculiaridades llamativas poseen una alta probabilidad de abordar o fortalecer sus posibilidades de turismo a partir del diseño de productos atractivos y novedosas, mejor aún si conjuguen varias estrategias, de las cuales, al respecto, San Benito Abad podría incluir y combinar, partiendo del turismo religioso: agroturismo, ecoturismo, gastroturismo, turismo cultural y turismo científico. Todo un potencial para desarrollar, además único por sus características. Merece ser mejor valorado y propiciado y con certeza mejoraría la situación socioeconómica de la región.



