Los miedos y las inseguridades físicas se constituyen en uno de los principales obstáculos para el amor y sus manifestaciones amorosas, tal como decía Ortega y Gasset: “La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora”
“Era un hombre muy apuesto y andaba con la niña menos atractiva del grupo. Cuando le decíamos que podía salir con la más linda, nos respondió: estoy feliz con ella porque es auténtica, segura y sabe lo que quiere de una relación”.
“Mi amiga era físicamente muy linda. Se fue a vivir con su novio, tuvieron un hijo y él se separó de ella al año y se casó por la iglesia con una bajita, gordita, poco agraciada y llevan 15 años de feliz matrimonio”
Durante muchos años nos han impuesto que la felicidad se asocia con un prototipo de belleza: mujer: 90-60-90, cero grasa, piel tersa, senos y glúteos firmes… y el hombre ideal debe tener abdomen chocolatina, sin papada, músculos firmes y una sonrisa digna de un modelo de crema dental, pero ¿Cuántas personas del común cumplen con ese prototipo de belleza que se diluye con el pasar de los años? En verdad, son muy pocas.
Nos imponen un arquetipo de belleza impulsada por personas casi irreales, que han sido utilizadas para generar bombardeos publicitarios, los cuales han conducido a graves problemas como la disminución de la autoestima y han generado en muchas personas, especialmente en mujeres, inseguridad y rechazo hacia su propio cuerpo con consecuencias psicológicas tan graves como la bulimia y la anorexia, que han cobrado la vida de muchas jóvenes.
Es una verdad innegable que las personas atractivas tienen mayores posibilidades de conseguir pareja, pero también es innegable que, en su mayoría, poco se preocupan por su pareja y como pueden reemplazarla fácilmente, en pocas ocasiones se preocupan por cultivar aspectos diferentes a los físicos.
Basta mirar las revistas de farándula llenas de historias de bellos y famosos que saltan de pareja en pareja y de cama en cama, manifestando grandes inseguridades e inestabilidad emocional.
Las relaciones de pareja que están basadas únicamente en la apariencia y una sexualidad rápida, que es lo que nos “venden” día a día, tienen cimientos de arena, que se destruyen fácilmente y no resisten el paso de los años.
Muchos coincidimos en que una persona de extrema belleza es la que es capaz de hacernos sonreír cuando la tristeza llena nuestros ojos de lágrimas: la que lucha por ser mejor cada día y a la vez, saca lo mejor de nosotros, la que se preocupa por nuestro bienestar, la que tiene sentido del humor y la que actúa con el corazón, no motivada por otros intereses.
Como dice Ralph Emerson: “Recorrer podemos todo el mundo en busca de la belleza, pero si no la llevamos con nosotros nunca la encontraremos”; es necesario amarnos a nosotros mismos para poder amar a nuestra pareja de manera sana y verdadera, que nos hace ver bello al otro, como una perfecta creación sin importar si es gordo, flaco, alto o bajo…
Una relación verdadera es la comunicación más íntima entre dos seres que es alma con alma y si esta conexión está fusionada por los lazos del verdadero amor, encontraremos la música que invade el espíritu y convierte los suspiros en notas sublimes de unión profunda, que van más allá de un cuerpo y perduran a pesar del paso de los años.



