La idea de un “paro indefinido” es típica de quienes llaman a la rebelión y cuando todo se sale de control, evitan hacerse responsables, se desmarcan para que no los vean como creadores y artífices del caos y mucho menos del paro en general. Es un caso explícito de doble moral con una sola intención.
Cuando apenas se acomodaban las fichas del “Comité del paro”, un rompecabezas incompleto que presagiaba un mal final y sin haber logrado que el Gobierno nacional les reconociera como una organización que representa el sentir del pueblo, se dejaron ver divisiones en las que surgieron muchos más factores, quedando relegado el más elemental y ¿por qué no? el más importante: la voz de una sociedad que reclama igualdad, oportunidades, justicia social, salud y educación.
Por lo anterior, insisto en la falta de legitimidad y de un liderazgo absoluto. Las necesidades están y han estado desde nuestros inicios como república, pero la solución no es un diálogo centralizado de un comité que no representa el sentir de la nación.
Con el Presidente como articulador y ofreciendo las soluciones reales en el corto y mediano plazo a los diálogos participativos, especialmente con los jóvenes, quienes han sido los verdaderos reclamantes en las movilizaciones, estoy seguro que surgirán muchas soluciones desde el nivel local por parte de gobernaciones y alcaldías. Pero hay que dejar claro que los problemas más sensibles solo los puede solucionar el Estado.
Urge sensatez de quienes dicen representar la movilización. Dicen negociar por una mejor Colombia, mientras desde la irresponsabilidad en hipocresía, socavan en la polarización ideológica de corrientes políticas y sociales. Las comunidades en los territorios deben asumir una mayor participación y una verdadera vocería. El pliego de peticiones no aplica de igual forma para todo el territorio nacional. Las necesidades del Catatumbo no son las mismas de Córdoba, por ejemplo.
Hay temas de gran relevancia que poco o nada han sido incluidos en ese listado, para mencionar algunos: Mientras FECODE pelea en Bogotá por mejores salarios para los maestros, los maestros en las regiones solicitan mejoras a la infraestructura educativa rural; no escuchamos voces que hablen por el personal médico y de la salud, ni mucho menos por los usuarios de las tan cuestionadas EPS que cada vez se agudiza más su sostenibilidad. Tampoco se ve a representantes de los estudiantes que sepan individualizar la problemática de las universidades públicas y privadas en Colombia. ¿Dónde están? Sin duda, este comité del paro solo tiene interés político y se aprovechan de la difícil circunstancia que vive el pueblo para sobreponer los propósitos de sus organizaciones, que al igual que el Congreso están desprestigiadas, con la única diferencia que dentro de éstas se han anclado en su mando durante años las mismas fuerzas que protegen intereses de ideologías políticas, destruyendo la democracia que había al interior de algunas de ellas.
Las vidas perdidas, las movilizaciones, la voz de millones de colombianos, los efectos causados en la economía y el análisis de conocedores de una realidad inocultable, no pueden ser hechos condenados a la historia de un momento indeseable. La construcción de un país más justo no debe recaer sobre la intolerancia, la permisividad y la transgresión de los derechos ciudadanos.
Basta de buscar argumentos para no reconocer los daños causados. Mi invitación al gobierno es seguir con los diálogos responsables en las regiones para legitimar los acuerdos, darles cumplimiento y saldar la deuda de los pactos celebrados con gobiernos anteriores, que a la fecha no se han cumplido.
Lo único que se logrará con el comité central, será desarticular a los promotores, incendiarios y oportunistas, pero eso no resolverá el descontento de la ciudadanía, el problema persistirá hasta que no escuchemos a la gente en sus territorios.



