Por medio del desarrollo científico y tecnológico los países llegan a niveles de desarrollo y bienestar social; fundamentados en referentes internacionales validados; entre los que podemos mencionar países que constituyen los llamados tigres asiáticos como: Singapur, Corea y Taiwán; países que 50 años atrás, estaban en condiciones paupérrimas y de inviabilidad como naciones. ¿Que hicieron estos países para lograr niveles de desarrollo económico y bienestar social? Entendieron que lo expresado por la teoría desarrollista, no era un axioma absoluto para lograr el desarrollo; es decir, que no era suficiente tener riquezas naturales y posición geográfica.
Además, sus gobiernos implementaron una apuesta seria y sostenible por el conocimiento y se dedicaron a invertir gran parte de su PIB en ciencia, investigación e innovación y en formación de capital humano; 50 años después, los resultados son evidentes y estos países son un referente internacional en materia de economía del conocimiento; estos logros en materia de desarrollo económico, han sido alcanzados sin poseer en sus territorios recursos naturales; en cambio se convirtieron en grandes productores de conocimiento que se materializa en creación de tecnologías e innovación científica.
En este contexto, Colombia tiene mucho que aprender, por ello, se ha venido definiendo una agenda pública y estratégica que se debe soportar en una política de Estado que garantice que el país construya una hoja de ruta en materia de ciencia, tecnología e innovación.
Se han venido haciendo esfuerzos en este sentido; evidencia de ello, es la transformación de Colciencias en Ministerio de Ciencias, la constitución y funcionamiento de la misión de sabios, mayor recurso para la investigación científica y formación de nuevos doctores. Es necesario, mantener esta tendencia, impulsarla y convertirla en política de estado.
Lo anterior, implica liberar la ciencia del control de una parte del país político premoderno; que han utilizado los recursos destinados a la ciencia, para satisfacer sus intereses particulares y grupales y no con una visión de construir un país moderno. No se puede legislar, para que los recursos públicos que se aprueben para la ciencia e investigación científica sigan llegando a las élites políticas regionales y terminen fortaleciendo sus estructuras clientelistas; en detrimento de la ciencia, que debe transformar y modificar los niveles de atraso y subdesarrollo.
Si bien es cierto, Colombia viene estructurando una política publica seria y sostenible en materia de ciencia, tecnología e innovación que permita transitar hacia una economía del conocimiento. Para Colombia ser competitivos; no es suficiente legislar y construir normas; se necesitan recursos financieros que se inviertan en ciencia, investigación e innovación; solo de esa forma podemos generar el conocimiento científico que se transfiera y genere el valor agregado para hacer competitivo los sectores estratégicos que el país y las regiones deben definir.
Hacer lo contrario, es continuar creado normas descontextualizadas como el decreto 1651 de 2019, el cual crea el sistema nacional de competitividad e innovación SNCI, basado solo en la industria y producción y deja por fuera a las universidades donde se hace mas del 90% de la investigación científica en Colombia; igualmente, desconoce los focos construidos por la misión de sabios. Ello, demuestra la miopía del país político, negando el espacio a la ciencia, que es donde se puede construir el verdadero desarrollo del país.
Es de poca utilidad como país, tener inmensos recursos naturales distribuidos en todo el territorio nacional, sino, generamos desde la ciencia e investigación científica el valor agregado para transformarla.



