Nos estamos acostumbrando a la muerte como común denominador, no me refiero sólo a las que hemos heredado por la pandemia, que son evidentes, hablo de la devastación que está dejando el odio en Colombia, parece que no conformes con la debacle que trajo el Covid-19, muchas personas con las defensas bajas por las obvias razones que traen consigo la corrupción, la desigualdad, la falta de oportunidades, la falta de empeño, la ausencia de creatividad y la envidia, por mencionar algunos de los “virus humanos” que han desembocado en la otra pandemia que tienen nombre propio: “la pandemia del odio de clases” y que a diferencia de la del Covid-19 no cuenta con un organismo microscópico y sus variantes, sino con unos promotores que, camuflados bajo la falsa premisa de ofrecer igualdad para todos, han desestabilizado no al gobierno, no a las instituciones, esas mismas que a las que irónicamente aspiran, han roto y herido de gravedad la salud económica del país.
Con la Salud económica del país en cuidados intensivos, me encantaría saber cómo estos magos de la igualdad, van a ponernos a la altura de los que ellos llaman privilegiados, porque todo parece indicar que nos van a llevar es a la más profunda de las depresiones, y si ya una persona en depresión ve todo cuesta arriba, no me quiero imaginar una depresión colectiva. ¿Qué país van a dejarnos en caso de llegar ellos al poder? ¿Qué país van a dejarnos luego de que se vayan? Si es que se van en caso de lograr su objetivo. Tenemos tarea como sociedad civil, sacudirnos el odio, la amargura, la envidia e inspirarnos en quienes han logrado prosperar a pesar de décadas de violencia.
Es estúpida la mezquindad, cree que superaremos la desigualdad repartiendo lo de pocos entre muchos, cuando desde antaño es sabido que hay personas que prosperan y otras que no, sino revisemos la parábola del hijo pródigo.
Claro que podemos salir adelante, pero para ello no podemos escuchar al hijo necio, por el contrario, debemos escuchar al hijo ejemplar, ese que ama el buen trato, que comparte con sus hermanos, que sabe competir con benevolencia, que respeta a sus padres, y cuya mayor competencia es consigo mismo para superarse y alcanzar sus sueños.
Basta ya de prestar nuestros talentos para sembrar más inconformismo, vamos por la reivindicación de los derechos de TODAS las víctimas, no solo de las que usan hábilmente unos para poner a otros en contra, vamos por un país ecuánime, donde ese hijo diligente pueda soñar, inspirarse y construir futuro, un futuro que puedan heredar descendencias saludables, paremos de tajo la polarización, no nos vayamos por los polos opuestos, vámonos por el consenso, frenemos al odio con amor, con ilusión, y alegrándonos por los logros de los demás, en fin, tiremos para arriba haciendo escaleras humanas, no hundamos lo que hemos logrado tirando pa’ bajo, dañando, destruyendo…
Todo en la vida tiene dos caras, somos nosotros quienes decidimos en cuál de esas caras ponemos nuestra energía vital, tengo la esperanza de que veremos la luz al final, ojalá no nos toque mirarla desde abajo, sino contemplarla desde las alturas.



