Si en algo podemos coincidir casi todos, es en la importancia de entender que nuestros niños no son el futuro, son el presente que hay que cuidar y proteger, por eso no podemos entender como algunos insisten en instrumentalizarlos con fines tan siniestros como la violencia, vulnerando todos sus derechos.
Lo que vimos en días pasados en Medellín, cuando salieron a la luz videos en donde un grupo de personas, entrenan niños para enfrentarse a la Policía usándolos como carne de cañón en la mal llamada “primera línea”, fue un acto criminal, cobarde y canalla, que mereció el repudio de todos los miembros de la sociedad.
No puede ser que quienes quieren sembrar el terror al mejor estilo de los grupos guerrilleros y paramilitares que mantuvieron durante décadas en zozobra al país, cuando reclutaban menores para usarlos en enfrentamientos contra la fuerza pública, ahora, hagan lo mismo en las ciudades, en parques y delante de cientos de personas, instrumentalizándolos en el marco del paro nacional, que se convirtió ya, en cualquier cosa, menos en una protesta pacífica.
Llegan entonces miles de preguntas, ¿Dónde están sus papás?, ¿Qué están buscando con esto? Y la más importante, ¿En dónde están las autoridades?, son niños que deberían estar en sus colegios aprendiendo, compartiendo con sus amiguitos, jugando juegos de verdad, no sometidos a ideas obtusas de adultos irresponsables, a quienes no les importa su integridad física ni emocional.
¿Cómo van a crecer estos niños y que futuro les espera? No puedo dejar de pensar en mis hijos o en mis sobrinos al ver estas imágenes que son más que aterradoras.
Estamos en una sociedad inviable que ve y trata a sus niños como cosas, como armas de guerra, que se empeña en convertirlos en seres violentos e irrespetuosos de la autoridad y las instituciones, que los quieren usar para poder cometer cualquier tipo de crímenes, cuando nuestro único deber es cuidarlos, amarlos y protegerlos, educarlos con valores para que cuando crezcan, este mundo sea un lugar mejor para todos.
Este hecho no puede pasar desapercibido ante los ojos del mundo, debemos rechazarlo y que las autoridades tomen cartas en el asunto para castigar a los responsables de semejante atrocidad, restituir sus derechos y que crezcan en un ambiente sano, que les brinde todas las garantías para ser lo que son, niños.
No puede ser que exista una sola persona en el mundo que justifique este o cualquier otro tipo de maltrato contra nuestros pequeños, que preste a sus hijos para ser utilizados como carnada en actos vandálicos o que aplauda que sean usados por grupos criminales que asesinan policías y destruyen nuestras ciudades.
No tiene perdón de Dios, un padre que prefiera que sus hijos estén siendo adoctrinados por grupos armados, en lugar de estar jugando o estudiando para salir adelante en un mundo cada vez más competitivo.
Quiero que quienes lean estas palabras, se pregunten que le estamos dando a nuestros niños y que esperamos que ellos hagan por nuestro país y por el mundo después, en que clase de personas queremos convertirlos y si nos merecemos ser llamados padres si permitimos exponer a semejantes peligros a unos pequeños.
Reflexionemos, estamos a tiempo de entregarles herramientas para ser mejores seres humanos y mejores ciudadanos.
Nuestros niños se respetan, se defienden, se protegen y se aman, yo seguiré trabajando incansablemente por su bienestar, y ¿Ustedes que harán?.



