El trágico fallecimiento del joven empresario Michel David Valiente Suarez, conocido como “Maikol” Valiente, de tan solo 25 años en Sincelejo, Sucre, y del niño ciclista Julián Gómez, en una vía al norte de Bogotá, exige una seria reflexión por parte de toda la sociedad y gremios sobre una problemática que a todos nos dice respeto: falta de tolerancia y cultura cívica en las carreteras.
Quiero expresar en primer lugar a la familia y amigos del joven “Maikol” Valiente y del niño Julián, mis más sinceras condolencias y pido a Dios que en estos momentos tan duros sea Él dándoles toda la fortaleza. Seguramente la memoria y la sonrisa del joven Michel David y el entusiasmo del niño Julián seguirán vivas en los corazones de todos.
No quiero entrar en detalles sobre el accidente que acabó con la vida del joven empresario o del niño Julián, ni ser juez para culpar a quien sea responsable, eso queda en manos de las autoridades competentes y de los fanáticos e incompetentes “jueces” de las paginas sociales que morbosamente les gustas ser jueces de todos y sentenciar en la vida de todos.
Quiero hablar de un tema que es una constatación cotidiana y que es evidente a los ojos de todos: la intolerancia y la falta de cultura cívica de la mayoría de los conductores que manejan en las carreteras de nuestro país. Es una situación verdaderamente caótica, donde la falta de respeto por los demás conductores y el incumplimiento de las reglas de tránsito son permanentes y sin el debido y exigente control de las autoridades competentes. Nadie te da la mano, al contrario te pitan, te insultan, te humillan y aun tengas la razón te miran mal, salvase quien pueda.
El problema se agudiza por la falta de señalamientos y las malas condiciones de las mallas viales (para evitar regaños no le hablen de eso a la Alcaldesa de Bogotá), el desconocimiento del reglamento de tránsito y de la normas cívicas, la casi inexistente red de transporte público de calidad, la adrenalina de la velocidad, la conducción bajo efectos de alcohol u otros alucinógenos, el acceso a vehículos automotores y ciclomotores a menores de edad y sin licencia de conducción, la falta de ciclovías seguras y de calidad etc.
Se multiplican acciones de pedagogía vial en todas las ciudades y municipios del país, pero ¿para qué sirven? Para nada. La única pedagogía que funciona es aquella que te mete la mano en el bolsillo.
Sigue muy presente en mi memoria la primera infracción que cometí y la multa saladísima que me impusieron, lo que es cierto, es que jamás volví a cometer semejante infracción.
Todos los días hay que lamentar accidentes y muertes en las carreteras del país, y en su mayoría por infracciones cometidas por exceso de velocidad, por el descuido de conductores y peatones, por consumo de alcohol, por no llevar implementos de seguridad como el casco (caso manejemos motos) etc.
Retire-se la licencia de por vida para quien maneja bajo efecto del alcohol o de alucinógenos porque son “sicarios” en la carretera. No se permita a nadie manejar sin licencia de conducción, y todos los documentos necesarios. Inmovilícese los vehículos que no tengan seguros y documentos al día. Prohíbase a los menores de edad de manejar.
Las autoridades que arreglen las carreteras, coloquen las señales de tránsito verticales y horizontales bien visibles, que las carreteras sean bien iluminadas, que las ciclovías sean seguras, que en las instituciones educativas se imparte obligatoriamente conocimiento de seguridad y respeto vial, que se implemente una red de transporte público de calidad, que las autoridades de transito se apoyen con tecnología necesaria para hacerle frente y castigar a los infractores con multas bien pesadas a ver se definitivamente logramos acabar con este flagelo caótico que se llama falta de cultura cívica y falta de tolerancia vial.



