Gran revuelo e impacto causaron las declaraciones del Rector de la Universidad del Norte Adolfo Meisel Roca al aseverar que, “Cartagena es un desastre social” en el foro regional reciente.
Ocupó tanto a nivel local como nacional editoriales y artículos sobre la ciudad. Lo destacable es el deterioro progresivo en los indicadores sociales, aun con paradojas como los datos entregados por el DANE quien sitúa a la Heroica con un desempleo del 11%, como una de las capitales con menor tasa para apoyar la idea de la reactivación económica del país y la industria turística.
No obstante, el mismo reporte señala que la informalidad de la ciudad es del 58,1%, lo cual denota que la población en capacidad laboral aprendió a “rebuscarse” para no ser simplemente llamado “desempleado”.
Importante la creatividad de la población para lograr defenderse ante la imposibilidad del mercado de atender la mano de obra productiva, pero con consecuencias funestas en el sentido que los jóvenes están migrando hacia otros destinos en busca de oportunidades, peor aún, los que logran un alto conocimiento y experiencia no regresan a generar un alto capital humano y social, pues las oportunidades escasean. La ciudad en casi un 70% de quienes son vinculados, solo obtiene dos salarios mínimos promedios para sostener su núcleo familiar en una ciudad costosa.
El académico Meisel Roca, en el año 2017 cuando era Gerente en Cartagena del Banco de la Republica, publicaron un trabajo con Jhorlan Ayala García, denominado “Cartagena Libre de Pobreza Extrema en 2033”, en el resumen dice en su parte introductoria “En 2016, Cartagena fue la tercera ciudad con mayor incidencia de la pobreza monetaria en Colombia, situación que contrasta con el dinamismo de sus principales sectores económicos como la industria, el turismo, la construcción y la actividad portuaria”. Lo cual denota el mal endémico de los resultados sociales, derivados de la inequidad, falta de justicia social y gobiernos corruptos cuya avidez sobre el presupuesto les impide reaccionar con equidad.
La educación por ejemplo no cobija a la totalidad de los jóvenes en edad escolar, grande es la deserción y desescolaridad, pero además el aparato educativo mantiene desde hace más de 10 años un nivel entre regular y malo. ¿Cómo pueden los jóvenes tener oportunidades en semejantes circunstancias?
Hablé en una esquina con varios de ellos acerca del porqué no estudiaban y me respondían que no entendían dado a que las bases eran precarias o los problemas de aprendizaje eran muchos, otros me decían “no vale la pena, se la pasa uno estudiando y después no hay donde trabajar”. Este sector requiere una intervención a fondo, replanteando todo el sistema.
Como una ciudad tal como dice Adolfo Meisel, “ciudad rica, con las inversiones industriales más grandes en la historia del país, con el puerto más importante de Colombia y un rico sector turístico; la gente en la Heroica vive entre el barro, sin agua, educación y salud” A esto debemos sumarle la de mayor valorización en Colombia solo superada por Bogotá, pero contradictoriamente con bajas tasas de recaudo en lo impositivo.
¡Necesitamos revertir todos los indicadores sociales, hemos iniciado el proceso de concientización, es hora de expresarnos con firmeza con los jóvenes quienes hoy son la fuerza de cambio de la ciudad y a una sola voz gritar ¡Cartagena si tiene futuro!



