“¡Qué injusto!, ¡Nos robaron!, ¡Siempre es lo mismo con Colombia!” replicaban una y otra vez en las redes sociales miles de colombianos mientras, indignados, veían cómo los jueces le daban la victoria al boxeador japones Ryomei Tanaka sobre nuestro compatriota Yuberjen Martínez, quien le había dado todo un abanico de golpes al nipón; tantos que, a pesar de salir victorioso, se tuvo que retirar en silla de ruedas.
La indignación fue tal, que el Comité Olímpico Colombiano y la Federación Colombiana de Boxeo, demandaron ante el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) la decisión de la pelea, con todas las pruebas correspondientes; sin embargo, los argumentos no fueron aceptados porque no existen justificaciones suficientes que demuestren que había mala fe de parte de los jueces a la hora de tomar la decisión. ¡Qué injusto!, ¡Nos robaron!, ¡Siempre es lo mismo con Colombia!
Colombia de por sí es sinónimo de injusticia, quizá por eso, nos sentimos más indignados cuando nos pintan la cara afuera que adentro y lo entiendo, no es fácil. En principio la justicia judicial en Colombia parece tirar más su balanza hacia los «presuntos» que hacia las víctimas; las casas por cárcel son la dicha para los ladrones de cuello blanco; y para los más pícaros de todos, la justicia social parece ni existir. Ni siquiera a los más pobres se le garantiza el acceso a servicios básicos como la salud y la educación; indignarse en un país que le hace falta dignidad parece una cosa de locos, marihuaneros y gente sin oficio, o bueno así les llaman a los pocos que aún sienten que algo se puede hacer.
Los colombianos parece que viviéramos en los sótanos del mismísimo infierno, en donde ni el propio diablo es capaz de asomarse. Dando un repaso a las cifras, nos dicen que el 90% de los asesinatos a líderes sociales está en la impunidad al igual que el 76% de los casos de ‘falsos positivos’.
En Colombia, 6 de 100 delitos se castigan, es decir, la impunidad en este país llega al 94%, convirtiéndonos en uno de los cinco primeros países del mundo con mayor impunidad; con vergonzosos casos como el de Álvaro Gómez Hurtado, Héctor Abad Gómez, Jaime Garzón y el magnicidio de Luis Carlos Galán, claro, si ni esos casos de gran magnitud pueden resolverse, que se espera para las personas del común.
En este país, como en el caso de la decisión del TAS, no existen justificaciones suficientes que demuestren que había mala fe en nuestros políticos, asesinos, delincuentes, corruptos, empresarios, ladrones, etc. Seguimos sin entender que mientras más injusticia, más habrán Tanakas despreocupados por las decisiones que puedan tener los jueces, pues la justicia siempre estará equilibrada a su favor; como la reciente libertad del padrastro y mamá de la niña Sara Sofía Galván. ¡Qué injusto!, ¡Nos robaron!, ¡Siempre es lo mismo con Colombia!.



