Los jóvenes de Colombia no solo piden matricula cero y empleo digno, sus preocupaciones van mucho más allá. Ya tratan con fluidez temas relativos a la corrupción, el nepotismo, la puerta giratoria para emplear siempre a los mismos y servir de aumento al desempleo y la inestabilidad laboral, pero hay muchas cosas más que requiere éste importante conglomerado de nuestra sociedad, abandonada por el tiempo, no solo por el Estado, sino por el sector empresarial y una gran parte de la sociedad que no creía en sus potenciales. Lo mejor que ha traído las anteriores jornadas de protestas en nuestro país, es el despertar de ellos, conocer sus inquietudes y considerar que es de imperiosa necesidad, resolver sus problemas en el menor tiempo posible.
Nuestros estudiantes de Economía Política y Macroeconomía de la facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Sucre, en un conversatorio sobre la temática de la reforma tributaria, expresaron inquietudes, muchas de ellas conocidas, otras desconocidas por nosotros, que deben ser tenidas en cuenta, tales como las de tener una buena educación financiera, materia prima y dinero semilla para los inicios de sus actividades micro empresariales, acceso gratuito al sistema de salud donde se trate el “control de la inteligencia emocional” propia de su juventud, cuando se enfrentan a situaciones que muchas veces no pueden resolver producto de la falta de oportunidades en el mundo globalizado, respetar su espiritualidad, y apoyar su arte y cultura entre muchas más, que nos impone la necesidad de escucharlos.
No está demás recalcar sobre situaciones que vemos a diario en los barrios populares al observar con indignación como se pierde una gran parte de nuestra juventud, el consumo de alcohol y estupefacientes, el reclutamiento forzado, la delincuencia juvenil, la falta de escuelas con buenas bibliotecas, laboratorios y escenarios deportivos con dotación y entrenadores, es decir, políticas públicas bien direccionadas, que vayan paralelos a los cambios físicos de la adolescencia y los posibles trastornos propios de la edad.
Mucho trabajo hay por hacer con nuestra juventud, partiendo del ambiente familiar cuando ella no cumple sus funciones básicas y les dejan las reglas a “los amigos de la esquina”. Ese apoyo familiar debe ser permanente en unión con los preceptos de la UNESCO, cuando expresa que “La juventud tiene la creatividad, el potencial y la capacidad necesarios para desencadenar cambios – para ellos, para sus comunidades, y para el resto del mundo. La UNESCO trabaja con gente joven y se ha comprometido a acompañarles para, juntos (Estado, Sociedad y Familia), impulsar la renovación social y el cambio, participar plenamente en el desarrollo de la sociedad, erradicar la pobreza y la desigualdad y fomentar una cultura de paz”.
No podemos ocultar que la desesperación y ausencia de oportunidades que vive nuestra juventud es negligencia del Estado, ese cuento trasnochado que se filtra permanentemente para evadir responsabilidades de “mano dura con ellos”, “limpieza social para desadaptados”, es un axioma de incapacidad para la no búsqueda de lo que se requiere para que nuestra juventud tome la batuta y desarrolle el futuro del país.
Las propuestas del Gobierno para la solución de los problemas no van a ayudar en mucho, ya que solamente los vemos enfocados en el empleo y la educación universitaria, y otros paliativos como los subsidios al empleo a través del PAEF hasta diciembre de 2021, el que se intenta con el pago del 25% a los empleadores por concepto del salario mínimo mensual por cada nuevo joven entre 18 y 28 años que contraten y el reconocimiento del tiempo de prácticas universitarias como experiencia laboral. Hasta allí, “parió. Paula…”
Ser joven en Colombia, no es fácil, el mismo DANE no los informa lapidariamente, “más del 33% de los jóvenes entre los 14 años y 28 años, no están trabajando ni estudiando”, que los ha llevado a la precarización, la desolación y la desesperanza cuando sus objetivos están difusos y casi perdidos en el tiempo y en vez de soluciones encuentran violencia física, agresión, estigmatización y los gobiernos pasando de agache ante las dimensiones del problema, y es por ello que necesariamente hay que escucharlos
«Joven, a ti te digo, ¡levántate!» (Lc 7,14). ¡Ustedes son importantes! Tienen que saberlo, tienen que creérselo. ¡Ustedes son importantes! Pero, ¡con humildad!”… “Papa Francisco”.



