Por: Yanela Sofía Martinez Florez | Estudiante de Comunicación Social.
Los campesinos de la Región Mojana siguen padeciendo por la fuerza del río Cauca que amenaza con arrasar lo que encuentra a su paso. No es un secreto que los que más sufren con estos fenómenos naturales son los más pobres que en su mayoría viven de lo que produce la tierra y lo que dá el río.
Viendo lo que vive la Mojana sucreña es inevitable no traer a la memoria las inundaciones de los años 2010 y 2011 que dejaron miles de familias damnificadas -1.800 de acuerdo al censo- agricultores que perdieron sus cosechas y animales, vías terrestres sin acceso, daños materiales y psicológicos que hoy repercuten en muchas familias sobre todo en aquellas que lo perdieron todo, y que aferradas a una promesa, esperaron una ayuda que nunca llegó.
Lo más triste es que aún hay familias que siguen viviendo a la intemperie a orillas de la carretera, lo perdieron todo y les ha tocado comenzar de cero, pues para ellos no hubo ayudas, solo visitas diplomáticas con falsas promesas que solo sirvieron para la foto.
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Quienes sufren en carne propia la arremetida invernal, luchan día y noche contra la corriente para atajar la furia de las aguas y evitar que esta se lleve lo que con tanto esfuerzo han logrado construir. Los campesinos claman soluciones a un problema de vieja data.
Es hora que las administraciones públicas trabajen con honestidad por esta olvidada región a la que le han robado hasta las ilusiones, que ya dejen de verla como un fortín político. Lamentablemente del dicho al hecho hay mucho trecho, seguramente La Mojana se seguirá inundando durante muchos años más y el drama de cientos de familias seguirá siendo noticia de primera plana junto a los pañitos de agua tibia que entrega el Gobierno de los que evidentemente sacaran una buena tajada para seguir financiando a los que a punta de las necesidades de los demás, seguirán robándose el erario.



