Los islamistas violentos volvieron a convertir a los musulmanes que huían de ellos en sus víctimas. Ocurrió en las últimas horas por partida doble, junto a las puertas del aeropuerto internacional Hamid Karzai de Kabul.
La puerta este, llamada Puerta Abbey por las tropas internacionales, que había sido esta semana escenario de los intentos de miles de afganos de ser evacuados ante la amenaza talibán, fue escenario del horror más atroz. El Estado Islámico en el Jorasán reivindicó la autoría de esta nueva carnicería.
Dos atentados suicidas sembraron el caos en la huida. Dejaron al menos 95 muertos y 150 heridos en el corto trecho de calle que hay entre la puerta del recinto aeroportuario y el hotel Barón, uno de los edificios próximos a los puestos de control de acceso y punto de encuentro de quienes iban a ser evacuados.
Hubo una tercera explosión en el centro de Kabul, sin saldo trágico. Entre las víctimas mortales en el aeropuerto hubo 13 soldados y marines de EEUU, cuyas fuerzas estaban apostadas tras el primer cordón, formado por milicianos de la Unidad Roja talibán.
Frente a ellos se amasaban a media tarde, cuando ocurrieron las dos explosiones -separadas por unos pocos minutos-, cientos de personas. Ante las noticias y rumores de que la ventana para las evacuaciones se estaba cerrando rápidamente, muchos trataron de llegar a la desesperada a la puerta este antes del viernes, día previsto por la mayoría de países para concluir con la salida de civiles, después de que Joe Biden les pidiese completar el proceso «cuanto antes, mejor».
Dos horas después del ataque, el Estado Islámico en el Jorasán (IS-K por sus siglas en inglés), la rama local de la organización armada que ha sembrado el terror en todo el mundo durante el último lustro, reclamó su autoría.
Los atentados hacen saltar por los aires el proceso de evacuación, cargado de tiranteces entre EEUU y sus aliados. Si poco antes de producirse, Washington había abierto la puerta a proseguir con el traslado de civiles hasta el 31 de agosto, la fecha de la salida del último soldado extranjero que no quiso cambiar, las horas posteriores a la masacre pudieron alterar los cálculos.
Antes de pronunciarse Biden, el premier británico, Boris Johnson, aseguró que su país proseguiría con la evacuación pese al ataque. No aclaró si de civiles también o sólo de militares.
En Kabul, tras la explosión, cundió el pánico. En imágenes de los momentos posteriores pudo verse un gran amasijo de miembros humanos en el canal de desagüe del aeropuerto, uno de los puntos negros del sangriento epílogo en que se ha convertido la retirada de EEUU de Afganistán. Las pocas ambulancias disponibles iban y venían trasladando víctimas, vivas o muertas. El desorden y la confusión se impusieron en un Kabul soliviantado desde que los talibán tomasen la ciudad hace semana y media.
La capacidad del Movimiento para mantener la seguridad en el país, después de la matanza, es doblemente cuestionada. El portavoz de los talibán, Suhail Shaheen, mandó un comunicado en el que condenó «duramente este horrible incidente». Aseguró que su movimiento, a cargo de guardar el perímetro exterior del aeropuerto -ayer se desconocía aún si entre las víctimas están sus miembros-, «dará cada paso para llevar a los culpables ante la Justicia».
- *Con información de El Mundo.



