Son las 5:00 de la tarde en la zona conocida como “cara e gato” y una tensa calma recorre la rivera del rio Cauca en la depresión de la Mojana; esa zona de la costa norte de Colombia de verdes llanuras, atardeceres de ensueño y campesinos luchadores. Mientras Doña Matilde encierra sus marranos se siente un “estruendo” que irrumpe la calma y convierte aquel paraíso costeño en un lienzo de imágenes desgarradoras que hoy recorren la prensa nacional.
Como la envestida de un toro sediento de venganza las aguas arremeten contra el improvisado dique que por años ha sido el elefante blanco con el que han obtenido curules muchos concejales, alcaldes, gobernadores y uno que otro presidente. Sus aguas marrones empiezan a crear una avalancha de sedimento, lodo y madera que con los kilómetros borran del horizonte casas, cabezas de ganado y aves de corral que son el sostén de miles de mojaneros quienes trabajan de sol a sol en busca de un mejor futuro.
Es media noche cuando recibo las imágenes de una catástrofe que por años estaba latente y a pesar de los múltiples llamados de la comunidad y entes de control pidiendo la construcción de una obra que salvaguardara sus vidas; estos no hicieron ecos en los gobernantes que hoy montados en helicópteros se toman “selfies” con las postales de destrucción al fondo.
Esta región rica en biodiversidad y recursos naturales pero acabada por la corrupción y los malos manejos es uno de los territorios más complejos del país por su vulnerabilidad a los cambios climáticos e hídricos debido a que es el reservorio de las aguas del rio Magdalena, Cauca y San Jorge y sus pequeños caños, quebradas y zonas inundables no permiten el debido drenaje al estar colapsados por la sedimentación y la contaminación de los suelos.
Durante la visita del Ex presidente Juan Manuel Santos se dio inicio a un proceso de investigación de campo que diez años después aún sigue esperando ser aprobado y pegar el primer ladrillo en las laderas del rio para regular a través de un sistema de compuertas el flujo hídrico que evite las inundaciones que hoy amenazan con desaparecer estos pueblos de Sucre, Bolívar y Córdoba.
El presidente Iván Duque en alguna visita del gobernador de Sucre había tocado el tema de la región, pero llegó el huracán Iota y desvió la atención hacia la isla de Providencia y como decimos en el pueblo “quedamos con sed y con el calabazo seco”.
La imagen de un campesino con sus manos en la cabeza mientras llora al ver sus gallinas ahogadas o las miles de hectáreas de arroz fundidas en el lodo son la punta de iceberg para un proceso de destrucción que empezó con ruptura por la zona de “carta e gato” y que traerá a esta tierra más pobreza y abandono.
En la reunión de las entidades territoriales se decidió iniciar con el proceso de mitigación aguda en un promedio de 80 a 120 días; pero mientras esto sucede ¿Qué pasara con la región?, ¿De dónde van a alimentarse los campesinos? ¿Dónde están los proyectos de inversión social?
Los interrogantes son muchos, pero es peor el sentimiento de rabia, impotencia y decepción de los mojaneros que se cansaron de clamar por ayudas ante unas autoridades que se hicieron los del “ojo tuerto” o quizá como dicen en los caseríos ¿será una estrategia para empezar a liderar encuestas con miras a las próximas elecciones regionales?




