Las circunstancias que vive la ciudad de Cartagena de Indias con una delicada infraestructura vial, de drenaje, protección costera e inundaciones por las secuelas del cambio climático, arroyos y canales sin la atención debida, obligan a que sus habitantes esperen soluciones inmediatas. La constante siempre ha sido escudarse en la falta de recursos para atender los temas, y cuando intentan solo son medidas insuficientes o mal hechas a causa de la corrupción reinante.
Conversaba con un dirigente empresarial y un senador del Distrito vecino y me decían “solo nos pusimos de acuerdo en que toda inversión que se realiza en nuestra jurisdicción es completa y todos los sectores políticos, gremiales, empresariales impulsamos a que todo se haga conforme el plan previsto de largo plazo para que no haya inversión recurrente sobre lo mismo”.
Es claro que donde hay unidad las cosas fluyen, sobre todo cuando se tiene un plan incluyente. Cuando me fui a estudiar a la Universidad del Norte en Barranquilla me llamó la atención como esta vinculaba a todo el sector político y público conjuntamente con la Universidad del Atlántico a la visión de ciudad que esta debía tener, de igual manera que los sectores gremiales y empresariales. El resultado de hoy es una labor coordinada de muchos años y de cuyo redito no solo se acredita a un solo gobernante, sino la acumulación de sucesiones gestiones de gobierno.
En nuestro caso local no se trata de echarle la culpa al gobernante en turno, sino a la falta de acuerdo sobre una visión de ciudad. El enfoque siempre ha estado en función de las megaobras, y ellas son necesarias, pero lo más importante es como logramos construir un recurso humano estable, sostenible con competencias que jalone el desarrollo social y brinde calidad de vida a sus gentes.
Para ello todos los actores, academia, sector productivo, sector social, cultural, ambiental, y distintos sectores de la población debemos concurrir en un modelo de desarrollo económico-social-cultural-ambiental, que incluido en un plan estratégico le dé norte a la ciudad y la enrumbe con visión de largo plazo, acabando con la improvisación de cada cuatro años donde los programas de gobiernos distan de obedecer a una estructura planificada.
El caballo de excusa es la insuficiencia de recursos del Distrito para atender las necesidades, no obstante, vale recordar que siempre recaudan como máximo de los recursos propios solo el 45% de la facturación, mientras que otros lugares alcanzan entre el 80 y 90 por ciento; aún así, lograr que las arcas reciban por encima de dos billones de pesos anuales no es despreciable para atender muchas cosas.
Como es natural sectores poblacionales los cuales merecen una atención especial resultan sacrificados, niños, jóvenes por ejemplo se le entregan productos residuales que finalmente traen descontentos, falta de oportunidades, resentimientos e incertidumbre, la sociedad que no se ocupa de sectores tan frágiles como los mencionados corre el riesgo de no solo vivir retrocediendo sino de frustrar la permanencia de actores culturales estables, actores sociales productivos, innovadores, creativos, resilientes y pujantes.
Planeación Nacional distinguió a Cartagena como “Ciudad Joven” pero depende de todos nosotros que esa fuerza de cambio de ellos se mantenga y logre romper con el lastre que traemos de un inmediato pasado sin esperanzas.
En Cartagena no siempre las cosas fueron así, de hecho, muchos procesos del país fueron originarios de esta ciudad, el adormecimiento de hoy requiere un despertar, no buscando un Mesías, sino logrando acuerdos de todos los actores estratégicos y no estratégicos para darle rumbo.
Dios ha sido misericordioso pues a pesar de todo lo negativo que subyace en la ciudad, sigue siendo una ciudad que muestra indicadores elocuentes en el contexto del desarrollo regional y nacional. Escucho que cuando empresarios foráneos e inversionistas conocen de la ciudad su comentario generalizados es “aquí está todo por hacer”. Por ello basta que tomemos decisiones diferentes, que nos pongamos de acuerdo y lograremos posicionar a Cartagena en la senda de desarrollo y bienestar que anhelamos. Seguiré insistiendo que “Cartagena si tiene futuro”.



