Colombia es un país lleno de gente maravillosa, humilde y trabajadora. Decir que está lleno de gente mala es una percepción fuera de lugar que tienen muchos de los que critican a nuestra patria, pero se hace innegable el hecho de que, en esta hermosa Nación llena de pintorescos paisajes, montañas y playas paradisiacas, existe una minoría muy mala y ambiciosa, que ha dado lugar a que la reputación de todo un pueblo tenga una mancha irreparable de dolor, corrupción y pobreza.
Según esta lógica, existen dos países totalmente distintos. El primero, es una Colombia llena de gente de bien, personas sencillas y humildes que reciben a todos con los brazos abiertos, de gente pacífica y con ganas de salir de adelante; pero existe otra Colombia llena de corrupción, muerte y miseria.
La cuestión está en que la segunda Colombia termina por suprimir todo lo bueno que tiene la primera, pues lamentablemente son más los malos que los buenos con poder en este país, sumado a que la incredulidad y el buen corazón de muchos ha sido aprovechado para que nuestra pequeña minoría de psicópatas se suban a los máximos poderes políticos y criminales.
Para los colombianos de la Colombia de bien, el progresar, es difícil; la corrupción ha acabado los sueños de muchos, la falta de trabajo obliga a los más jóvenes a buscar el camino impuesto por otro eje de la Colombia del mal, y es la criminalidad. Para otros, el montar un negocio se vuelve un sueño frustrado, pues además de los altos impuestos, vienen los impuestos revolucionarios o los impuestos de «vigilancia». Ni que decir de las extorsiones y las intimidaciones, aquí no hay valentía de ningún bueno que no sea pagada con la muerte, aunque son mayoría, la ley del silencio la impone la minoría malvada a punta de muerte.
No solo la gente buena sufre, nuestros hermosos y bonitos paisajes también. ¿Qué podemos decir de la contaminación ambiental? Más de 6 millones de hectáreas destruidas en dos décadas por la minería ilegal, la expansión de los cultivos ilícitos de los grupos armados ilegales y la casi nula inversión estatal para ayudar a subsanar los problemas más elementales. Los malos se hacen los locos, mientras que los buenos, muchos de ellos indígenas que lloran a la «madre tierra» mientras ella enferma, agoniza sin ningún tipo de tratamiento; aquí tampoco hay campo para los valientes, pues también son talados junto con los árboles.
Colombia tierra querida, eres himno de fe y alegría, no te dejes desanimar de los desalmados, no te dejes amedrantar de los malvados, no te dejes matar de los asesinos y no te dejes robar de los ladrones; con el tiempo las generaciones se hacen más fuertes y poco a poco, no hay gatillero que nos silencié, llegará el día en que los buenos suprimamos a la minoría malvada y ruin, en que los psicópatas y asesinos estén en un sanatorio o en la cárcel, en que la justicia sea una realidad, recuerda que no hay mal que dure cien años.



