En estos momentos Cartagena de Indias socialmente es una ciudad fragmentada, con los más altos niveles de desempleo de los últimos tiempos; inactiva económicamente y ni que hablar de los niveles de contaminación que mantienen en riesgo inminente a nuestros ecosistemas.
Con un sistema administrativo además de mediocre y turbio en una crisis financiera y fiscal permanente, la inseguridad que además de poner en riesgo nuestra integridad física también la moral, sumando a todo esto la mirada indiferente de la Administración frente a la salud y educación que amplían aun más la brecha social.
El aumento de inmigrantes no solo extranjeros, sino también nacionales, estimulado por la hospitalidad que siempre ha caracterizado al cartagenero, y estos, se retroalimentan cultural y socialmente; los desplazados que se ha convertido en un común denominador en muchas ciudades y como todos estos afectan el modus vivendis de los nativos, en algunos casos de manera positiva y en otros no tanto.
El surgimiento de entes fiscalizadores cívicos, populares, comunales, gremiales etc. en su mayoría contaminados por el clientelismo, surgen corruptos e ineficaces dejándonos en la deriva que siempre hemos estado y decepcionándonos cada vez más de la administración publica o lo que es peor en manos de un orate desequilibrado que no hace más que generar burlas y claro material para memes y chistes.
Es necesaria la creación de políticas públicas como un ejercicio que nos involucre a todos amén de lograr el bienestar común, generando espacios de oportunidades para todos, construir una ciudad organizada, equitativa y auto sostenible. Nuestra meta es recuperar con hechos la confianza en la Administración.
El cartagenero promedio es indiferente ante lo público por tanto depende de manera inconsciente del albedrio de la administración de turno y es solo responsable de sus decisiones individuales.
Es el momento de recuperar nuestro espacio dentro de la ciudad, de recuperar nuestro sentido de pertenencia, no es posible que hoy después de haber soportado la vulgar manera en que el alcalde se ha burlado de todos, del pueblo, de las autoridades, de los entes de control, ahora pretenda también pasar por encima de nuestras tradiciones y cultura, pero eso es material para ora columna de opinión a la cual presupuesto que dedicare un buen espacio.
El momento catártico que vive la ciudad debe ser razón suficiente para por fin tomar conciencia de nuestra falta de sentido de pertenencia, es preciso que nos adueñemos de lo nuestro y le demos su valor.



