Otro atentado ambiental más, el pez basa (Pangasianodon hypophthalmus) del orden Siluriformes – un tipo de bagre – proveniente de la cuenca del sudeste asiático está ilegalmente en Colombia. Según informan, en la cuenca media del Magdalena-Cauca desde 2015 y se tienen registros en el sur de Bolívar, sur del Magdalena, Cundinamarca y Santander.
Asunto preocupante por los impactos ambientales que podría ocasionar y que aún no están concluyentemente establecidos para el país, salvo algunas aproximaciones investigativas y lo que se sabe de la especie… Sin duda, existen dudas. Además, se tiene la violación a la legislación ambiental colombiana, que no permite la introducción de especies foráneas sin autorización previa.
La motivación para que esto haya sucedido no se aparta de lo que ha sido común en muchos casos nacionales… el interés productivo y comercial que representa. La búsqueda de alternativas rentables se desconecta de la parte ambiental y sin medir consecuencias se procede. Ejemplos hay varios: las tilapias, las cachamas en el Caribe, sin dejar de mencionar el intento de producción de rana toro (Lithobates catesbeianus) que nunca se llevó a cabo, pero que dejó animales en libertad… de los cuales hoy se sabe poco.
Hablando del pez basa, si bien es cierto que su potencialidad productiva es elevada y que posee un sistema de cría en cautiverio bien conocido y un comercio establecido, razones que no se pueden negar. Se sabe que es una especie de largos desplazamientos y espaciosas migraciones, que ocupa ríos y ciénagas, dieta muy amplia, elevadas tasas de reproducción, rápido crecimiento y tolerante a ambientes extremos, que la hacen resistente y colonizadora, además de ser competencia para las especies nativas. Con todas estas características se podría dar una rápida expansión por toda la cuenca y con ellos los impactos negativos que una especia así podría ocasionar.
Los pescadores y los piscicultores de la ecorregión de la Mojana la verían como una opción viable, que no les dejaría medir la trascendencia de los posibles impactos negativos, porque estos pasarán a un plano invisible y cargado como responsabilidad al Estado.
En la zona como pesca regular se tienen cachamas y tilapias, especies introducidas, reconocidas como domesticadas. A propósito, se desconocen a ciencia cierta los impactos ambientales que estas dos especies estén ocasionando: las llevaron, se establecieron, se capturan, se comercializan y consumen… nada más. Queda para tener en cuenta la realidad de la cuenca Magdalena – Cauca, ella acusa en los últimos 40 años una disminución del 50% de su producción pesquera, con acelerado deterioro en los años más recientes. Además del daño ambiental generalizado, asunto que para nadie es un secreto.
Triste panorama ambiental el de la ecorregión de la Mojana, que además de los altos niveles de pobreza y grandes impactos ambientales – como las inundaciones recurrentes que hoy arrasan sin piedad, sin solución a la vista y sin que se puedan medir los daños que quedaran – debe soportar ingentes presiones sobre su riqueza ictiológica, componente de alto valor que la identificaba y la hacía rica en términos biológicos, socioeconómicos y culturales.
Desde hace muchos años la subienda, que era su máximo evento de explosión vital, quedó como un recuerdo que a veces llega lánguido. Los bocachicos grandes y apetecibles solo se ven en las vitrinas de los supermercados y son importados. El coroncoro, conocido también como cucha o corroncho, que era delicia con connotación afrodisiaca preferida, quedó solo en los cuentos pasionales de noches calenturientas de estiaje y en el canto siempre presente de la Niña Emilia: <<Coroncoro se murió tu mae/ Déjala morir/ Coroncoro se murió tu pae/ Déjalo morir>>.
Más allá como lastimera rememoración se escucha de tanto en vez, en la voz de Gabriel Romero: <<Bajo la lluvia inclemente/ De una noche sin lucero/ Va un pescador que no siente/ Porque es más grande su anhelo/ Amanecer con pescado/ Para vender en el mercado/ Amanecer con pescado/ Para vender en el mercado>> (Senén Eduardo Palacios Córdoba).
Hoy, más que todo, salen en redes tilapias y cachamas, el bocachico o pescado va siendo cosa de pasado, esperemos que a futuro no sea el pez basa quien domine y que se pueda recobrar el equilibrio natural de tan valiosa y singular ecorregión. Reitero, la tragedia cíclica que allí se vive, tiene como causa principal el deterioro ambiental in situ y ex situ que ella debe soportar.



