Es abril del 2020 en Alemania y el Gobierno de Ángela Merkel debe tomar una decisión con trascendencia económica innegable. Debe abrir la frontera a los inmigrantes, a pesar de que desde hace un mes toda Europa está en cuarentena a causa del Coronavirus, para que 80.000 segadores provenientes de Europa Oriental satisfagan la demanda de mano de obra con ocasión de la temporada de productos agrícolas. Lo hace, contrariando a la propia OMS. ¿Estuvo acerada? La evidencia empírica nos dice que sí.
Después de 16 años en el poder, un modelo de gobierno en Alemania es sustituido electoralmente y deja instalado un desafío para la administración pública que merece ser estudiado.
En Colombia, por ejemplo, proyectábamos una caída en el crecimiento económico entre 5.5 y 6.1 puntos del PBI, estimación respaldada, entre otras fuentes, por el propio Banco de la República (Fuente: Banco de la República)[1]. Bajo este entendido, aparece comprensible que las personas hayan perdido sus empleos, se hayan visto reducido sus ingresos, y que muchas pequeñas y medianas empresas hayan quebrado.
La inactividad económica surgió como opción en medio de un falso dilema que la enfrentaba nada más ni nada menos que con la vida misma. Sin embargo, el documento del Banco de la República evocado calculaba un impacto entre mínimo y moderado, en el escenario recomendado con respecto a la tasa de desempleo y la evidente disminución de la capacidad de consumo de los trabajadores (bajo la metodología de Haddad y Dietzenbacher. Fuente: Banco de la República, 2020); aun así, los escenarios de recrudecimiento de medidas restrictivas impactarían en muy alta proporción, tanto al sector del comercio en un 9,4%, como al de las actividades de servicios en un 10,1% (solo superado por el renglón de la actividad inmobiliaria) de la totalidad de las pérdidas calculadas para la economía[2].
Producto de lo anterior, y de otras causas que venía arrastrando el país, en 2020 la pobreza extrema creció hasta el 15.1% y los índices de pobreza aumentaron al 42.5% (fuente: DANE), y en materia de muertes por millón de habitantes a causa del Covid-19 somos 11 en el mundo con 2.501.
La Emergencia Económica finalmente nos dejó en números una caída de 6,8 puntos porcentuales en el PBI, y un aumento en la tasa de desempleo de 5,6%, para llegar a un 16,1% total de desocupación.
Volviendo al caso alemán, la canciller Angela Merkel lideró una política de restricción moderada, incluso con cuarentenas en el 3Q del 2021, que le permitió no figurar en los primeros 50 países con mayor cantidad de muertos por millón de habitantes, superando a Reino Unido, Francia, Estados Unidos y casi toda Europa. Sin embargo, al momento de proteger la actividad económica no fue menos audaz y, gracias a ello, tuvo una contracción del 4,9% en el PBI, aunque las autoridades económicas alemanas la habían proyectado en 6.1%.
Los alemanes decrecieron, en promedio, la mitad que sus pares de Francia e Inglaterra, aunque los niveles de crecimiento económico de países que optaron por una leve restricción en los niveles de libertad, como Estados Unidos o Suecia, alcanzaron mejores números en la economía, pero mayor cantidad de muertes por Covid.
Las elecciones de Alemania seguramente dejan un importante mensaje al mundo: no había un falso dilema entre vida y economía de cara a la Pandemia, pero el legado de Merkel es una invitación a los ciudadanos a pensar en sus intereses antes de permitir ser inmergidos en una falsa grieta o en una ilusoria dualidad, al tiempo que desafía a los gobernantes a no obturar políticamente su capacidad de análisis en torno a cada una de las decisiones de Estado.
[1] Banco de la República. Mayo de 2020. Impacto Económico Regional del Covid-19 Colombia: un análisis insumo-producto. Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER). Cartagena. Publicado en: https://repositorio.banrep.gov.co/bitstream/handle/20.500.12134/9843/DTSERU_288.pdf (visitado en Febrero 15 de 2021).
[2] Op. Cit. Páginas 12 y 18.



