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no son enemigas o contrarias las lógicas técnicas de geólogos o ingenieros de minas y las reflexiones del campesinado y la recua pueblerina que camina las montañas y las conoce, no son menos válidos los argumentos, postulados y preocupaciones de estos últimos.
- El contexto de nuestra subregión es complejo y la minería no es un asunto tan simple de sí o no.
- Como naturaleza que somos no solo tenemos el deber de pensar en región, sino, a nivel planetario reconociendo la crisis que hoy enfrentamos y que exige nuestra atención y unión – no nuestra división- Aquí algunas ideas para entender la situación desde adentro, la región que somos y la que necesitamos ser:
Hace unos 15 años la empresa sudafricana Anglogold Ashanti (AGA) quiere hacer una mina en el municipio de Jericó; la compañía tiene suficiente dinero para comprar lo que quiera: otras empresas, terrenos y voluntades. No ha podido comprar sin embargo las voces y esfuerzos de quienes sabemos que en las montañas el oro está en la gente y en la naturaleza de la que hacemos parte, que compartimos y nos sostiene.
Hace más o menos un año esta situación en el Suroeste se hizo viral y como con todo lo viral la información en el camino se ha simplificado, generando poca apertura a reflexiones más profundas, necesarias en una realidad en la que navegamos en la compleja incoherencia.
Hoy en el Suroeste, hogar de casi 400.000 personas, estamos a la espera del sí o no al licenciamiento ambiental por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para el proyecto de Minería de Cobre Quebradona de la AGA, que tiene en la mira no solo a la subregión sino a Latinoamérica como un lugar de saqueo para, entre otras cosas, extraer materias primas para la renovación energética en Norteamérica.
En el Suroeste, como en otras subregiones de Antioquia y como en otros departamentos del país, ya tenemos la costumbre a ser lugares de saqueo. Somos una subregión rica y diversa en todo sentido, conformada por 23 municipios que se dividen con los ríos creando cuencas hidrográficas.
La cuenca del río Sinifaná es la más cercana a Medellín, al Valle de Aburrá; se abre en Amagá y pasa por Venecia, Fredonia, Titiribí y Angelópolis. En este Suroeste, el Suroeste cercano, la minería ha sido pan de cada día. En Amagá hacemos fiestas del carbón y el minero es una figura heroica que constituye nuestra cultura. Distinto a lo que propone Quebradona, la mina no nos ha traído riqueza, al contrario, se ha vuelto un trabajo obligado; pues si las minas no se siguen trabajando la acumulación de gases podría generar explosiones y más tragedias. Ya han ocurrido tragedias, ya hemos perdido muchas vidas en la mina.
A las juventudes pueblerinas nos han dejado la tarea de recuperar un suelo perdido, de devolverle a la tierra todo lo que se le ha arrebatado. Entre minas nos hemos vuelto pueblos de nadie, pueblos de paso, pueblos para construir carreteras para transportar de un lado a otro y más rápido todo lo que se extrae.
Frente al discurso y promesas del uso de tecnología de punta en nuevas actividades mineras en pueblos del Suroeste lejano que aún no han sufrido esa condena, no tenemos esperanza. Tenemos miedo con toda justificación, sabemos que promesas como el uso de relaves – residuos tóxicos de la extracción minera – en asfalto o puntos de almacenamiento, tienen efectos graves en la salud.
Conocemos otros pueblos y sus relatos aterradores de cómo alrededor de la extracción minera llega la violencia y la pérdida de la vocación campesina y ancestral. Juntanzas comunitarias de habitantes de la ciudad, habitantes de la región y dolientes del territorio como Salvemos el Suroeste, un movimiento que pretende visibilizar los riesgos del proyecto de Minería de Cobre Quebradona, han hecho investigaciones independientes y diferentes alianzas y productos comunicativos para hacer contrapeso a la promesa de progreso minero y minería con propósito.
A través de su plataforma Visión Suroeste, han agrupado distintos proyectos que trabajan con lógicas regenerativas en la región, dejando un mensaje claro y contundente: no es solo decir NO a la minería, es reconocer la crisis climática y ecológica actual y entender que los modelos económicos y decisiones gubernamentales deben girar alrededor de un mundo en el que podamos vivir con dignidad y en equilibrio con el planeta en futuras generaciones. Se pretende además visibilizar un problema en el que hay un total desequilibrio de poderes y la ciudadanía de a pie tiene todas las de perder.
Por otro lado, la viralidad de este problema también ha traído una consecuencia: se ha vuelto minería una palabra prohibida si es en relación con la subregión y en la cuenca del Sinifaná (si bien no queremos más minas), necesitamos seguir conversando sobre minería responsable, y Suroeste y minería deben – en ese sentido – seguir estando en la misma frase en algunas conversaciones.
La minería y el proyecto de Minería de Cobre Quebradona hoy ya están en nuestra realidad, en el territorio, con contratos, lotes comprados y gente trabajando; y es un reto encontrarnos en la humanidad que nos une para tener conversaciones tranquilas, con argumentos y sin traer de una vez la violencia que queremos evitar.
Se ha caracterizado esta conversación sobre minería por ataques personales e insultos que no nos están llevando a ninguna parte y al contrario están dividiendo la comunidad.
Ante la viralidad se ha disminuido la capacidad de escucharnos y ha aumentado el afán por contradecirnos. Debe reconocerse sin embargo que en esta conversación no se está en iguales condiciones; hoy no tenemos la posibilidad de decidir si queremos habitar una región minera. Otros proyectos mineros se han realizado en zonas desérticas.
Sabemos que los metales que buscan están en Jericó, pero también deben ser reconocidas las riquezas culturales y naturales del territorio ¿Qué tan coherente es la intervención de un megaproyecto minero en una zona megadiversa en plena crisis planetaria, cuando la mayor responsabilidad de Colombia en esta crisis – como se ratificó en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) – es cuidar su biodiversidad? ¿Tiene sentido entonces que Colombia haya declarado la minería como un interés nacional a través de la sentencia 095 de la Corte Constitucional? Esta sentencia canceló los acuerdos realizados en los concejos municipales que decían no a la minería y nos dejó sin la posibilidad de decidir sobre el territorio que queremos ser, pues no se pueden hacer consultas populares relacionadas con la minería bajo el argumento de que el suelo es propiedad del Estado, eso hace que la democracia y soberanía sobre el territorio haga parte importante de esta discusión.
El agua, nuestro mayor argumento, que pasa por las montañas de Támesis y Jericó, y se interconecta de manera increíble por los suelos a través de las aguas subterráneas y que como los animales no entiende de límites o lógicas humanas, y que nos pertenece a todos y todas por bien público, se ve gravemente afectada, así como nuestra cultura, nuestro futuro y nuestro habitar en la región.
Pedimos al gobierno nacional el derecho a decidir a través de mecanismos de participación ciudadana si queremos o no un distrito minero en nuestra subregión. Los mayores impactos del proyecto de Minería de Cobre Quebradona se verían sobre todo en 30 años; somos las juventudes quienes tendremos que enfrentar este proyecto y necesitamos el derecho a decidir. Así mismo, necesitamos discursos claros: si se habla de renovación energética, ¿Para quién sería? Y si es para el territorio, ¿Cuándo sería? Necesitamos entender los beneficios reales de un mega proyecto minero más allá de las inversiones sociales que Anglogold Ashanti está realizando o puede realizar.
Sabemos que tienen el capital para apoyar y promover todo tipo de proyectos; pero las comunidades deben entender de forma clara lo que se hará para poder decidir y debatir en democracia.
La minería y también los proyectos de infraestructura, nos dejan claro que el Suroeste es una zona de interés. Como jóvenes necesitamos herramientas para entender cómo defender nuestro territorio, cómo enfrentarnos a los fenómenos que podrían traer la minería, la cercanía a las ciudades o las nuevas vías nacionales.
Solicitamos apoyo con formación, con recursos económicos a organizaciones que investigan, hacen pedagogía y piensan el territorio desde adentro; solo así, podemos construir en conjunto y garantizar un futuro en el que quepamos para todos y todas.
- Agradecimientos a Daniel Ortega Sanmartín habitante del Suroeste antioqueño.



