Acumular riqueza no es discutible. Muchas personas y empresas trabajan honestamente y obtienen dividendos que los pueden depositar en bancos de países que se denominan paraísos fiscales. Cuando ello se da y deciden regularizar sus patrimonios, es necesario que paguen los impuestos en los países depositarios y por ser ciudadanos o empresas colombianas, también deben cancelar los tributos en nuestro país.
Hasta allí todo encaja en lo normal. Sin embargo, el dueño de las riquezas va más allá y decide buscar en lo más recóndito del sistema financiero, a potentes bancos con baja o inexistente tributación que les oculte su identidad, secreto bancario, mercantil o profesional, para evadir el pago y aumentar la cultura de la elusión fiscal, tejiendo enramados similar a la de “Centros poblados”, para diversificar el dinero en diferentes países y así completar el carrusel de la evasión, difícil de detectar. Tener una cuenta en Chipre, manejada en forma virtual desde Londres o Alemania, a través de un proveedor en Dubái o Qatar, deja mucho que pensar.
Los territorios donde pululan las sociedades ‘offshore’, son encabezadas entre otras por Las Islas Vírgenes seguidas de Islas Caimán y Bermudas, Países Bajos, Suiza y Luxemburgo, en contubernio con entidades bancarias internacionales de la talla de JP Morgan, Citigroup, el HSBC y UBS, Deutsche Bank, Credit Suisse, por solo citar unos cuantos, que desde los años 70, han jugado un papel esencial a la hora de reclutar activos privados, aun cuando estén en las listas negras que elaboran instituciones multilaterales como la OCDE
En la década del 90, el ex presidente de EEUU, Bill Clinton insistió para que la OCDE “apretase las clavijas” para frenar el aumento desproporcionado de personas y empresas que constituían sociedades ‘offshore’. Para ello se creó un “brazo armado” que persiguiese y sancionara a esas entidades si no cooperaban con los países en el intercambio de información fiscal y financiera. Ese “brazo armado” lo denominó GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) y en sus inicios lograron ingresar en lista negra más de 100 entidades financieras que no colaboraban con la información fiscal.
La presión de los dueños de las cuentas y de los ideólogos de las sociedades ‘offshore’ dio sus frutos, se pararon los intercambios de información por aparecer en ellas personajes de alto y bajo turmequé, expresidentes, parlamentarios y ex parlamentarios, funcionarios públicos desde ministros, jefes de oficina, gobernadores, alcaldes y contratistas. Ese intercambio de información, aunado a la prensa internacional, destapó lo que el común observaba. No se entiende como funcionarios públicos de Colombia y el mundo, que siempre han vivido del erario público, con sueldos normales para su subsistencia, pueden tener miles y miles de dólares en cuentas en el exterior, cuando son conocidos públicamente que no tienen abolengo empresarial, herencia detectada, loterías ganadas y sus sueldos daban solamente para las necesidades básicas.
Por esas razones el mundo se convulsiona con las investigaciones periodísticas que dieron a conocer Panamá Paper, que contó secretos solamente de una sola proveedora de empresas offshore, y Pandora Papers que reveló cómo funcionan 14 firmas offshore, con 11.9 millones de registros, de artistas, deportistas, cantantes, políticos y personas con actividades ilegales que no desean que les conozcan sus finanzas, perjudicando la sana competencia, con reglas desiguales en estados que intentan controlar la evasión fiscal.
No es fácil involucrarse en la soberanía de un país intentando imponerle legislación, pero si deben existir reglas claras sobre cómo combatir internacionalmente esos beneficios fiscales y desencriptar la información para que fluya la declaración y la repatriación de esos grandes capitales que significan mayores recaudos de impuestos en beneficio de la inversión social de los países
Lo mejor de todo es que Según Pandora Papers, el actual director de la DIAN, Lisandro Junco Riveira, “creó una sociedad en Delaware. Tendría también una cuenta en Chipre y una oficina virtual en Londres gestionadas a través de un proveedor con sede en Dubái”. Según Junco, la sociedad que constituyó en 2016 la trasladó a la Florida, es pública y solo tiene una cuenta con ahorros para estudiar en Miami.
Es normal que los investigados aleguen “…yo no lo conocí” “…ese no soy yo…” “…nunca he tenido cuentas en el exterior…”, pero en aras de la duda, que las autoridades investiguen, pero que no sea el…yo con yo…



