“Cartagena una ciudad segura”, ha sido una consigna con la que se promociona la ciudad a nivel internacional, a pesar de que para sus habitantes reina la percepción de inseguridad y muchos hechos lo confirman, alrededor de 160 asesinatos en lo corrido del año, aun cuando a través de las estadísticas las autoridades tratan de demostrar la acción reactiva de la fuerza policial disponible argumentando con cifras su accionar. No obstante, las dolorosas muertes de personas y familias a las cuales les frustran su futuro dan cuenta de que hay un quiebre con este flagelo en alza.
En la ciudad la inseguridad no es consecuencia de hechos aislados, ni es derivado únicamente de la alta pobreza monetaria que viven sus habitantes, ni pueden ser justificadas por gobernantes o exponentes políticas como algo que aceptar: hoy hay una delincuencia organizada que se nutre de las pandillas de sectores, barrios, pero especialmente de la desesperanza de muchos jóvenes.
Las escuelas del crimen y del delito deforman a los niños y jóvenes que desde muy temprana edad les muestran alternativas de conseguir dinero distintas al estudio, trabajo, actividades deportivas o culturales, les enseñan a cómo convertir los colegios en oportunidad para distribución de todo tipo de drogas, pero para ello primero los inducen al consumo, luego en distribuidores y como pueden operar en ese mundo ilícito.
Otros les enseñan a como señalar en los bancos, establecimientos de comercio quienes serán los blancos del fleteo, así como iniciar el proceso sicarial que apoyados en la tecnología indican a la persona señalada, y una vez consumado dan a conocer su fechoría por fotografías o videos para que quienes realizaron el trabajo obtengan el cobro respectivo, esta práctica deja en evidencia el degrado en el que estamos como sociedad. Muchas son las maneras delictivas en las estas escuelas del mal instruyen para que no haya lugar a la improvisación y disminuyan los riesgos de ser capturados.
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El flagelo de la inseguridad también tiene como protagonista la ineficiencia del aparato judicial para sancionar a los victimarios, esto obedece a la falta de capacidad para atender los casos y muchas veces por considerarse los elementos probatorios “insuficientes”, estos aspectos premian a la impunidad y a la reincidencia, lo cual convierte en un círculo vicioso a la inseguridad y la falta de justicia.
A pesar de haber contado la ciudad con un observatorio del delito donde se conoce la hora, sitio, días, frecuencia, sobre la ocurrencia de todos los delitos sucedidos en ella, indistintamente si es el mejor sistema de información que se haya construido, lo importante es que es un instrumento que permite desarrollar inteligencia en el territorio para detectar el modus-operandi de la delincuencia organizada, si a ello sumamos el sinnúmero de cámaras ubicadas en distintos puntos de la ciudad, el rastreo que por medio de la tecnología hoy es factible, el esquema tradicional de los cuadrantes obsoleto, debe ser reemplazado por drones, equipos de transporte, comunicación, vigilancia móviles, pero esto es solo un aspecto.
La ciudad adolece de un plan maestro de seguridad construido con la participación de todos los sectores de la comunidad, academia, sector productivo y especialistas en el tema para dotar en el corto, mediano y largo plazo de una política pública y social que con indicadores muestre la efectividad de la misma, con soluciones que los cartageneros estamos necesitando.
Esta política pública, involucra acciones en todas las variables sociales, para que desde la educación se le muestre al niño y al joven el mundo de oportunidades que tienen, también desde el punto de vista de las organizaciones sociales enfrentando unidos todos los ambientes de seguridad, con los sectores productivos comprometiéndolos en el apoyo de innovación, emprendimiento y empleo, la acción policial y gubernamental en apoyo a la sociedad a todo nivel.
Las cifras de inseguridad no pueden ser percibidas como una estadística más, hay vidas perdidas a causa de esta, hoy la ciudadanía tiene miedo de salir a las calles. Respetuosamente exhorto al Alcalde de Cartagena, para que tome las banderas y lidere una cruzada con responsabilidad para lograr una Cartagena digna y segura. ¡porque Cartagena si ti tiene futuro!



