Surge el duelo cuando existe una perdida que afecta emocionalmente; se hace evidente, también, cuando se rompen los vínculos que nos unen a los procesos de crecimiento y desarrollo. En ellos se presenta un periodo de alta intensidad en que se dispara la tristeza y se sume el ser humano en un letargo de dolor creciente. Los duelos se asocian a pérdidas de todo tipo y son más evidentes ante la muerte, el desamor, la soledad, la intransigencia, el desempleo y sin lugar a dudas, son notorios en muchos otros aspectos de la vida.
Para el completo restablecimiento de una pérdida, el deudo atravesará varias etapas, siendo las más relevantes y en orden de sucesión: lamento por la pérdida, expresiones emocionales de dolor, búsqueda de recuperación de lo perdido y aceptación del suceso; éste último paso, quizá el de sanación total y nueva organización, significa continuar viviendo… En la existencia humana la elaboración de las perdidas es un tema de gran relevancia.
La pérdida, vista en su total dimensión y no solo como el fallecimiento del ser, sino como la negación de algo de gran valor, de magno aprecio o de inusitado deseo conlleva a un duelo en razón de su radicalidad, irreversibilidad, universalidad e implacabilidad. No obstante, cuando la separación no es mortal, sino transitoria, deja abierta una esperanza de reencuentro o de nuevas opciones, que pueden o no retornar lo perdido.
La negación proporciona un alivio transitorio de la dura realidad psicológica de una pérdida. Pero la negación es un problema en sí mismo, cuando, en sus formas extremas, impide una transformación que permita seguir adelante con la vida (Cabodevilla, 2007).
Ahora un duelo permanente, no superado, con demostraciones negativas, constantes, repetitivas y obsesivas demuestran la incapacidad de quien lo padece para seguir avanzando y no tener la capacidad de asimilar la perdida, manifestando una actitud constante de resentimiento que se traduce en ataques hacia quienes indilga su aflicción. Según Freud, cuando se pierde algo significativo, material o inmaterial, cuando se pierde afectivamente algo o a alguien significativo, se pierde una parte del yo, del mundo interno, de la estructura personal.
Al respecto, Bowlby (1993) indica, que las personas pueden desarrollar de forma instintiva vínculos o apegos y que el mantenimiento de ellos se experimenta como fuente de seguridad y dicha. De allí que la pedida no superada siempre retornará en cada momento como una carga emocional negativa que afectará más a quien la padece que a quien se dirige… Resentimiento hacia los demás o hacia alguien específicamente inculpado.
Visto en una dimensión conductual, el duelo altamente mediado por los apegos se percibe en la forma de comportarse, de expresarse, de proceder… Ya que pueden observarse interpretaciones personales subjetivas, que van desde la distorsión hasta el engaño total. Aceptar la pérdida como una realidad es cuestión de tiempo, ya que implica no solo una aceptación racional sino también emocional.
Perder un empleo implica en la mayoría de los casos un estado de luto mental, que tiene duración variable, no controlarlo puede llegar a entorpecer la búsqueda de nuevas opciones y llegar, incluso, a derivar en un problema psicológico.
El duelo posdespido consta de varias fases: negación, ira, depresión, aceptación. Worden (1997) indica que, entre los pasos a seguir para superar esta crisis, están: aceptar la realidad de la pérdida, experimentar el dolor, adaptarse a las nuevas circunstancias, reubicación del equilibrio emocional y mirar hacia el futuro… Que la ira y la decepción no se conviertan en agentes motivadores para permanecer en el duelo, las lamentaciones y los señalamientos. Un análisis consciente y pormenorizados de las causas, sin duda, será de gran ayuda para la superación.
Finalmente, debemos comprender y ser pacientes con quienes sufren un duelo, ya que su estado de vulnerabilidad es alto y pueden no tener autocontrol de sus emociones… El dolor mira hacia atrás, las preocupaciones miran alrededor, la fe mira hacia arriba (Ralph W. Emerson).



