La democracia se caracteriza por sus reglas estables y duraderas que garanticen la confianza e igualdad de oportunidades para todos. En Colombia adoptamos que a través de la ley se garantizaría la estabilidad del sistema democrático en condiciones permanentes.
El Presidente de La Republica en el ayer era enfático al solicitar como Congresista no se le diera un golpe bajo a una ley estatutaria que limitaría a los Gobernadores, Alcaldes y Gobierno Nacional usar los recursos públicos para financiar debates políticos; no obstante, hoy ante su baja favorabilidad en la opinión y el señalamiento del partido de gobierno del fracaso electoral que le auguran los especialistas, optan por utilizar la Ley de Presupuesto para colocar un mico y zancadilla a la democracia, importando poco la unidad de materia, o la jerarquía de la norma a suprimir. El argumento deleznable es la necesidad de convenios con los Alcaldes y Gobernadores toda vez que la pandemia evito las inversiones necesarias en los territorios.
La ley de Garantías, nació con el propósito de quitarle al ejecutivo sea local, regional o nacional el influir en los procesos electorales constriñendo al elector con los recursos públicos para evitar desequilibrio en la igualdad de oportunidades.
Durante el periodo precedente el poder corruptor de las dadivas o los recursos públicos en favor de partidos, grupos políticos o personas, impedían elecciones limpias y equilibradas. La ley de Garantías trajo más honestidad, conciencia y equilibrio en las justas electorales, aun cuando subsistan otras formas degradantes del proceso electoral disminuyó el desbalance.
La pregunta que surge ¿El Gobierno solo pretende con esta “jugadita” reactivar la economía y beneficiar con inversión el territorio?, los amigos intentan justificarlo argumentado que el Duque Senador tenía unas circunstancias diferentes al Duque Presidente, como que las reglas deben ser cambiantes según los momentos o coyunturas.
La presunción del mundillo político es que llegara el oxígeno para las elecciones, lo cual podría conllevar a que se aceite nuevamente la maquinaria para evitar el colapso que se avizoraba al establecimiento político tradicional. Prevén incluso que si la Corte Constitucional tumba el mico, habrán pasado las elecciones y los hechos cumplidos.
Genera un síntoma de tranquilidad la dinámica política presente, en las últimas contiendas electorales los liderazgos nuevos e independientes han jugado un papel protagonista, esto, junto a un elector que hoy pretende apostar por propuestas renovadas, frescas y nuevas en el escenario político. Siendo así, podemos estar casi seguros de que al igual que el voto, el amor no se compra.
Pero por otra parte, es lamentable que los gobernantes se aferren al poder e intenten burlarse del ciudadano que en la mayoría de los casos ni siquiera se da cuenta de todas las maniobras y manipulaciones que son expuestos.
Como quiera que todo esto incide en nuestra bella Cartagena de Indias, desde ya alerto a los electores a que no se dejen engañar, llegó el tiempo de ajustar a todos los políticos que solo usan las corporaciones para obtener privilegios, status y dinero, mientras mantienen a la mayoría de la población sumida en la pobreza y llena de necesidades. Cartageneros, llegó el tiempo de elegir bien, vamos a ser cuidadosos, porque Cartagena si tiene futuro.



