No se trata del viaje literario y apasionante tratado en la novela de Frederick Forsyth: Los perros de la guerra. Allí se narra sobre el mundo en el que no sólo las armas, sino quienes las disparan, se venden al mejor postor. En este caso se hablará sobre los caninos domésticos creados o mejorados para la defensa y el ataque.
Es claro, hasta donde se conoce, que el perro fue domesticado hace 19 mil años. Inicialmente, en un proceso gradual de relación entre dos especies: el hombre y el lobo… de allí surgiría el perro.
Recientes trabajos científicos ubican geográficamente el suceso en el viejo continente. En un comienzo, la domesticación se fundamentó en la necesidad de protección de otros depredadores, asunto que pudo ser de gran valor al inicio de la relación, aunque más tarde se produjeron actividades como el pastoreo y la caza (Thalmann y Wahlberg, 2013), en las cuales el perro fue muy apreciado, como aún hoy lo es.
Pero, el hombre descubrió con posterioridad, para desgracia del animal, que podía apoyarse en él para las faenas de guerra, unas veces como combatiente, otras como mensajero, trasportador de cargas livianas, tiro de coches, guardia, portador de bombas y hasta compañía en la soledad del campo de las crueldades. Muestra de esto, se registra en China en el siglo IX, se sabe que había perros en las contiendas, entre palos y piedras como armas mortales, allí estaban los perros.
A manera de recuento histórico, se tiene que en Egipto los perros de batalla fueron utilizados hacia 1336 y 1327 A.C.; Grecia entre 431-354 A.C. y Roma 509 A.C… Larga historia de asociación bélica entre el hombre y el perro. En la segunda guerra mundial, el perro fue un combatiente más y de gran importancia. Se tiene como dato valioso que Alemania usó 200.000 perros aproximadamente; Rusia contó con 60.000 y los Estados Unidos 25.000, principalmente en los frentes de combate con el Japón (Carreras, 2013).
Entre los datos curiosos, que al respecto se pueden hallar, se tiene lo escrito por Carreras (2013), quien describe detalladamente que los rusos con fundamento en la teoría de los reflejos condicionados de Pávlov (1849-1936), entrenaron perros bomba.
Para tal efecto, durante un tiempo determinado alimentaban al perro debajo de un tanque de guerra alemán que hubieran capturado y previo a la batalla la comida del animal se suspendía, al sentir hambre y durante la confrontación el animal era soltado, asociaba los tanques alemanes con el acceso al alimento, llegando hasta ellos con su carga de explosivos… El animal indefectiblemente moría… Tratándose de perros de guerra su sacrificio es lo menos importante para el amo, lastimosamente esa es la realidad y en nada difiera de lo que era antes y lo que es hoy para el perro de estos menesteres.
Piqueras (2006), destaca la versatilidad de funciones que el perro ejerció en el contexto de la conquista de América y textualmente expresa: Lo que le hace distinguirle junto al caballo, del que es complemento ideal, como uno de los más firmes y constantes aliados militares de los conquistadores españoles.
También documenta que los perros fueron utilizados constantemente en combate durante toda la conquista, formando parte de la hueste, en vanguardia como tropa de choque, lanzándolos contra las muchedumbres indígenas para aprovechar el temor y desconcierto inicial. En tal sentido, anota: <<Auxiliares de la conquista, maestros del terror. Perros de guerra, de presa, perros bravos, represivos, constantemente hambrientos que había que alimentar y cebar para que infundieran el terror y pavor buscados>>.
Trae, dicho autor, a colación, que el propio Cristóbal Colón fue el primero en utilizar perros de presa en las primeras campañas represivas en Jamaica y la Española en 1494 y 1495: <<muy gran guerra haze acá un perro, tanto que se tiene a presçio su compañía como diez hombres, y tenemos d ́ellos gran necesidad>>.
Entonces cabría decir que a golpes de mordiscos se ha escrito parte de nuestra historia humana. Sin duda, desde los albores de la domesticación hemos sido como especie propiciadores de perros y no siempre altruistamente… Invariablemente habrá perros al frente y en la retaguardia, para ataque y defensa.



