Haciendo referencia a R.C. Schank, crítico del actual sistema educativo mundial, se interpreta que el modelo no ha cambiado al ritmo de la dinámica social global. La expectativa gravita en cómo adaptar el sistema a los avances en conocimiento y a las nuevas tecnologías cuando persiste un modelo pedagógico tradicional fundado en estrictos dogmas.
Se resalta según sus respuestas, que el sistema educativo de hoy ha seguido invariable desde hace años, y se puede resumir de la siguiente manera: un profesor entra a clase y habla, los alumnos, como mucho, toman apuntes y como no pueden recordar lo dicho les hacen exámenes, poco después, puede suceder que olviden lo aprendido o que no le encuentren aplicación. Sobre quien decide lo que se debe enseñar, su respuesta merece un momento de atención: todo se decidió hace mucho tiempo y ha sido difícil cambiarlo… pero no imposible, yo digo.
Ahondando en falencias del sistema, expresa que hace falta entender de una manera profunda cómo el aprendizaje, la memoria y la comprensión funcionan en las personas. Es necesario saber cómo utilizar de la mejor forma posible la tecnología informática actual.
En este sentido, se puede decir que la educación debe cambiar, que no se trata de seguir enseñando como nos educaron a nosotros o a nuestros padres, ya que las circunstancias globales han cambiado, son diferentes y las expectativas para resolver problemas son otras. Las nuevas generaciones deben ser preparadas en el presente para el futuro y no para el pasado. Bien lo expresa E. Hoffer cuando señala: <<En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe>>.
La Universidad debe formar profesionales, es irrefutable, pero estos ante todo deben ser ciudadanos que aporten activamente al desarrollo de la sociedad en general. Para ello se necesita un modelo que les entregue las herramientas de transformación requeridas, que les permitan edificar en un ambiente cambiante, en donde sus competencias tengan plena expresión y relevante utilidad.
Además, se debe contar con profesores con mentalidad creativa y contextualizada, que tengan muy en cuenta: el qué, el cómo y el para qué de lo que se enseña. Docentes que superen las limitaciones con que nuestra generación fue educada, entre ellas la ausencia tecnológica virtual que hoy expandida globalmente se tiene y que las nuevas generaciones usan en muchas de sus labores sociales diarias.
No se debe tener miedo al cambio, la pandemia que vivimos nos lo demostró ampliamente, aun con las deficiencias y deudas académicas derivadas y que subsisten, tuvimos la necesidad de adaptarnos a nuevas formas y a nuevos procedimientos en tiempo record. Se tiene la certeza que muchos de estos procesos que mutaron no volverán a ser iguales y menos en lo que a educación hace referencia.
La virtualidad se hizo necesaria, se domicilió en la educación, entró para quedarse, ya no es un asunto de selección sino de obligatoria atención, y debemos mejorarla, aprender más, usarla en su más excelsa capacidad, para que sea funcional y bien valorada.
No obstante, en este contexto de realidades que plantea la educación, además de los fundamentalmente expuesto por Schank, no debemos perder de vista la realidad que vivimos, la cual, sin duda, impactará de forma muy particular a la educación. Se puede decir, que debido a la pandemia las pérdidas en materia de aprendizaje también amenazan con extenderse y podrían poner en riesgo los logros obtenidos en los últimos decenios. Situación que preocupa, ya que, si no actuamos de forma oportuna y con apoyo en las tecnologías disponibles y aplicables, podríamos llegar a niveles negativos en esta materia.
Si bien la virtualidad se entronizó como modelo y mostró su importancia en la trasmisión del conocimiento, los problemas de base ligados a la parte pedagógica, a lo social y a lo económico proveen un escenario que necesita atención y ante el cual se hace imperativo un cambio que vaya orientado a la nueva realidad educativa, que esté en consonancia con el nuevo orden global que pandemia está imponiendo.



