En una de mis experiencias de crisis, leí un artículo que me llamó la atención en una revista de Selecciones de Reader’s Digest que providencialmente llegó a mis manos. Se titulaba: “La Selva Negra”.
Del artículo recuerdo, que, desde la época de Dante Alighieri, se dice de “La Selva Negra”, como un crítico tramo de oscuridad que muchos de los grandes personajes de nuestra historia han tenido que recorrer antes de emerger a los que después se convertirían en los mejores tiempos para desarrollar su inventiva, maximizar su ingenio y alcanzar el más noble propósito en sus vidas.
Con los años he podido comprobar que estos periodos de “Selva Negra” no son solo potestativos de personajes ilustres, pues personas comunes y corrientes también suelen transitar por periodos así, tal vez sin llamarlos de forma tan sofisticada, pero sí con todos los rigores de caminar por difíciles tramos sin tener una visión, un norte o alguna dirección por donde orientar sus vidas. Literalmente como caminando por un sendero sin luz.
Años más tarde, después de mi lectura de este artículo, tuve la oportunidad de visitar la famosa Selva Negra alemana. The Black Forest, como se conoce en inglés, es un macizo montañoso conocido así, por su densidad forestal y la espesura de su bosque de Abetos que normalmente aún en los días más soleados, impiden el paso de la luz.
Estando en el lugar, pude conocer que dadas sus características topográficas representó una barrera natural al asedio romano, de hecho, fueron ellos quienes también la denominaron Selva de la Frontera significando con este nombre que fue un verdadero límite para la expansión de su imperio.
Igual que para el imperio Romano le significó una muralla para avanzar hacia el norte, los periodos de “Selva Negra”, en los que de pronto somos sorprendidos en nuestro peregrinaje por la vida, también se levantan como barreras aparentemente infranqueables que nos quieren impedir avanzar hacia la razón de ser de nuestra existencia. Sin embargo, entenderlos como algo necesario y que seguramente contienen lo más valioso para nuestro crecimiento, nos ayudará a aceptarlos, valorarlos y sobre todo aprovecharlos para transitar por ellos hasta que al final lleguemos a un terreno claro. Los trechos que recorremos como de “Selva Negra”, son en sí mismos, sendas de nuevos comienzos y de nuevas oportunidades.”



