Es importante decir que a pesar de la enorme distancia que separa los dos continentes – América y África – la cual en línea recta estaría entre 3.200 y 4.000 Kms, es indudable que África está presente en América. Los primeros africanos que arribaron a estas tierras lo hicieron hace 402 años y desde ese momento se inició su fusión.
La diáspora africana en América se puede entender desde el traslado forzado de esclavos, el cual según cifras aceptadas estuvo alrededor de 10 millones de personas entre los años 1500 y 1850. Los esclavos africanos traficados hacia América era un monopolio de comerciantes portugueses y posteriormente de holandeses, ingleses y franceses. Todo esto permitió la conformación de una variada cultura afroamericana, que se estructuró partiendo de la que traían y por asociación con las que aquí encontraron o con las que les tocó convivir.
África en América se puede relacionar de forma amplia si se tiene en cuenta que la progresiva extinción de los pueblos indígenas y la alta demanda de mano de obra durante la colonia, incentivaron el comercio de esclavos y con ello el inicio de una cultura afroamericana que aún al día de hoy avanza con elementos comunes y particularidades producto de la adaptación colectiva. Tenemos como ejemplo valiosos desarrollos sociales con alta influencia afroamericana que ya son dominantes en asuntos artísticos, culturales e incluso políticos.
Si bien, durante largos siglos las voces de África en América se caracterizaban por llanto, dolor, pena y añoranza, también se arraigaron en estos suelos sonidos de tambores, maravillosos canticos, bailes, cuentos e historias que en sus letras traían recuerdos del terruño del cual habían sido arrancados sus autores. Podría decirse que la mezcla de africanos, con indígenas y europeos, además del mestizaje que en diversas expresiones se conformó, generó una cultura característica y rica en toda la extensión de la palabra.
Por razones netamente discriminativas que se relacionan con el estatus social, el trato recibido, los derechos no logrados y la imagen de la persona, los afrodescendientes son peyorativamente llamados “negros”. Palabra lesiva si se usa para discriminar, heredada de los esclavistas y sus formas de explotación, amén de las diferencias de clases que este modelo impuso por razones atribuidas a la identidad étnica.
Es importante tener presente que a través del tiempo y por diversas adopciones lo que hoy se conoce como cultura afrodescendiente hace referencia a que durante cuatro siglos estas comunidades han creado nuevas formas expresivas en los todos los aspectos de la vida social, tomando elementos de muchas fuentes. No podemos ver estas comunidades como algo estático sino como procesos en donde nuevas culturas afroamericanas han vendido surgiendo. Por ejemplo, la jamaiquina, la estadounidense, la haitiana y siendo más específicos las del Pacifico y el Caribe colombiano, entre otras muchas más, que en esencia se diferencian, aunque compartan troncos comunes.
Hablando de Colombia, en palabras de Porras (2013), la esclavitud en Colombia que oficialmente fue abolida en 1851, nos muestra que los afrodescendientes en este país, como lo ha sido en todos en donde hacen presencia, para poder subsistir les ha tocado vivir en medio de tensiones socio-políticas, entre racismo y discriminación, desde la pérdida de representación social hasta su reencuentro con su identidad cultural como arma inalienable que se expande en todos los campos: políticos, sociales, económicos, culturales… En la música, como una de sus representaciones de mayor impacto y actualidad.
Las expresiones musicales afrodescendientes, también han sido objeto de discriminación y se les ha calificado como como incultas, simples, fáciles, adjetivos que nacen de una visión errada del valor cultural de ellas y de su papel trasformador. Ellas, en Colombia, por ejemplo, han tenido fuerte influencia en ritmos muy apreciados y reconocidos nacional e internacionalmente, tales como: cumbia, vallenato, mapalé, bullerengue, merecumbé, chandé, patacoré, alabao, currulao, fandango, champeta, guaracha, salves y arrullos, que entre otros más, conforman una fusión de ritmos que poseen un arraigo cultural variado, rico y complejo… no podría ni siquiera pensarse que se trata de música inculta, simple o fácil… No, eso no es factible, su tradición, evolución e impacto transformador así lo demuestran.
Entonces, por estas razones y muchas más que escapan al alcance de este escrito África está en América y hace parte de su vida. No importa la distancia geográfica que exista entre las dos tierras, indudablemente los afrodescendientes son ciudadanos de este continente y su contribución a los que hoy somos no se puede negar y debe ser valorada como parte de los lazos que nos identifican y nos caracterizan.



