El domingo pasado fueron las elecciones de los Consejo Municipales de Juventud en Colombia. Lastimosamente en esta jornada electoral solo votaron el 10% de los jóvenes que podían hacerlo en todo el territorio nacional, lo cual ha abierto grandes interrogantes sobre la participación política de jóvenes. Antes de continuar con la columna, vale decir que en ningún momento se está menos preciando a los candidatos que se lanzaron en esta jornada electoral. Quiero felicitarlos a todos por su trabajo.
En primer lugar, hablemos del rol tan lamentable que jugó el Gobierno Nacional para llevar a cabo estas elecciones. El gobierno no puede pretender que por sacar un decreto y hacer unas elecciones los jóvenes salgan a la calle a votar un domingo. Existieron muchos beneficios por el simple hecho de votar ese día y la mayoría de los jóvenes ni los conocieron, porque el Gobierno pautó en canales y periódicos que no ven los jóvenes, y la única campaña en plataformas de jóvenes fue #MiParcheParaVotar que no explicó ni qué era un consejero para la juventud, ni los beneficios de votar ese día. También faltó difusión por parte de la Alcaldía de Bogotá y otras administraciones departamentales y municipales, que creen que Twitter es el único medio de difusión para la gestión pública.
En segundo lugar, no podía faltar el párrafo al Registrador Nacional que hizo todas las jugarretas posibles para que estas elecciones salieran mal. Lo primero que hizo fue ampliar los días para la inscripción de candidatos, a petición de los partidos políticos que no se organizaron bien para presentar las listas, moviendo el calendario electoral. Lo segundo fue crear un tarjetón tan confuso que el 22.7% de los votos de los jóvenes fueron nulos. ¿Tenía que poner tres votos en blanco para que los jóvenes pensaran que había 1 voto por cada lista?. Además, nunca enseñaron bien cómo votar, ni tenían capacitadores ese día que informaran como debían votar en el tarjetón. Cabe recordar que podían votar niños desde 14 años que nunca habían participado en una elección. Lo tercero que fue la tapa de asunto, fue permitirles a los jóvenes de 14 a 17 años de votar donde quisieran, abriéndole la puerta a la irregularidad de miles de votos de jóvenes que votaron en varios puestos de votación.
En tercer lugar, el gran problema de los jóvenes. La verdad no me cabe en la cabeza que después de tener a miles de jóvenes en las calles este y el año pasado, en esta fecha no se hayan dignado a salir a votar un domingo por pereza, guayabo u otras razones. No hay excusa, ni se exime de responsabilidad a ningún joven que no haya votado este fin de semana. Uno consideraría que en las zonas rurales de poco acceso hubiera menor cantidad de votos, pero fueron las grandes ciudades, en teoría conectadas, en las que los jóvenes votaron menos.
Jóvenes, si vamos a quejarnos, por lo menos que sea de nuestras acciones y no de nuestras omisiones, el país de cambia en las urnas.



