Inicia nuevamente éste 10 de diciembre el proceso de negociación del salario mínimo en Colombia a cargo de la comisión permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, como así lo establece el Artículo 56 de nuestra Constitución Política. Una tarea difícil para la mesa triangular entre sindicatos, gremios productivos y Gobierno cuando ella no ha servido absolutamente para nada ya que el Gobierno desde 1997 lo ha fijado de manera unilateral en 18 oportunidades, basados únicamente en los informes del Banco de la República, del DANE y de MinTrabajo.
Dicha mesa es presidida por el Gobierno nacional en cabeza del Ministro del Trabajo y también hacen parte de ella los Ministros de Hacienda, Comercio, Industria y Turismo, Agricultura, el director del Departamento Nacional de Planeación o sus delegados.
En representación de los empleadores, son cinco (5) designados por las asociaciones nacionales gremiales representativas de los sectores económicos, y en representación de los trabajadores, tendremos tres representantes de las centrales obreras, un representante de los pensionados, y un representante de los desempleados, todos con sus respectivos suplentes.
La suerte de miles de trabajadores estará nuevamente ligada únicamente a cinco variables económicas que son tenidos en cuenta para determinar el cacareado incremento salarial. El Índice de precios al consumidor entregado por el DANE; la meta de inflación del próximo año reportado por el Banco de la República; el Incremento del producto interno bruto, la contribución de los salarios al ingreso nacional, proporcionada por el Ministerio de Hacienda; y por último, la productividad de nuestra economía, que ahora lo hace el DANE por recomendación de la OCDE.
Hasta aquí todo normal, pero internamente o en otros sectores de la economía e inclusive de la política se cuecen diferentes variables para ejercer presión positiva o negativa para establecer el porcentaje de aumento. Ya el Gobierno presentó extraoficialmente sus cartas. Sus principales ejes de análisis son la productividad, la inflación y un IPC sobre el 5%, consideran que el ajuste salarial no debe pasar del 6%, (muy por encima del 3,5% que se decretó para el año 2021) lo que tendríamos un salario base de $963.037 con un auxilio de transporte de $106.454, para un total de $1.069.491.
El país espera que una vez acabe el primer vencimiento legal para la negociación, que es el 15 de diciembre, y en la prórroga de los 15 días adicionales, el Gobierno analice e incluya de manera independiente, las verdaderas variables, que posiblemente hacen parte del entramado, pero que no son las determinantes para un análisis serio y concienzudo de cuánto debe ser el aumento salarial para nuestros trabajadores.
Primero que todo, desechar la infame apreciación de unos seudo consultores de la economía salvaje que expresan, que el “salario mínimo alcanza y sobra en Colombia”, alegando que Colombia es uno de los países de la región menos costoso y profetizan que el salario mínimo es justo, equitativo y alcanza para las necesidades básicas y mucho más.
Parece ser que no están en el contexto de la realidad colombiana, cuando “Caracol Radio”, nos entrega cifras escalofriantes promulgadas por la Red de Bancos de Alimentos y la Andi, y exclaman un SOS “por la preocupante situación que vive el país en relación a la seguridad alimenticia, donde millones de connacionales pasan hambre” y les envía un mensaje a los de la mesa de negociaciones: “21 millones de colombianos tienen dificultades para comprar comida y otros comen un día sí, pero al otro día no; más de 560.000 niños en Colombia sufren desnutrición crónica”
Las “cifras alarmantes sobre la pobreza en Colombia son galopantes, miles de familias del Amazonas, Vaupés, Córdoba, Guainía, Nariño, Chocó y La Guajira aguantan hambre y cuentan con una sola comida al día, 560 mil niños menores de 5 años con desnutrición crónica y enfermedades infecciosas”, un país donde el 54% de los hogares registra inseguridad alimentaria.
Pensar que nuestro salario mínimo “alcanza”, es la mayor brutalidad que pueda expresar un ser viviente y más si miramos las cifras de la pobreza en Colombia que no son alentadoras: “6 de cada 100.000 niños murieron en el país durante el 2020 a causa del hambre. Los niños con desnutrición crónica está demostrado que van a tener 14 puntos menos de coeficiente intelectual, 5 años menos de escolaridad y 54% menos ingresos y en todo el país hay hambre y en todo el país hay desnutrición «, según la Red de Bancos de Alimentos.
Solo le pedimos al Estado y a los negociadores, que no esperen las “11 generaciones para salir de la pobreza”. El salario mínimo debería estar por encima del 11%.



