“Another one Bite the Dust”, es el título original en Ingles de un tema que la agrupación Queen impuso como uno de sus grandes hits en su larga y exitosa carrera musical.
Para el momento que ocupaba el número uno en las principales listas, mi nivel de ingles escasamente daba para los colores y los números, sin embargo, por lo sugestivo del título, el estilo rock y la interpretación tan característica de Freddie Mercury hicieron que este tema, como en muchos de mi generación, también calara grandemente en mi.
Nunca me interesé en la traducción total de esta canción, pero pude entender que títulos como este con un significado mas allá de la superficie, conectan con ideas, sentimientos e intenciones que son tan propias de nosotros los seres humanos.
Que otro muerda el polvo, en ocasiones es como un oráculo de maldición y de venganza que proferimos para quienes lo merecen según la manera como nosotros miramos o valoramos las cosas. Y esto aunque en todo caso es totalmente mezquino, muchas veces y para nuestra propia desgracia hace nido en lugares escondidos de nuestro corazón.
Morder el polvo, también es algo que nunca quisiéramos para nosotros, pues lo entendemos como etapas de derrota, de fracaso, o de estancamiento. Por supuesto que es normal que tratemos a toda costa de evitar transitar por periodos así. Pero como la vida es un escenario de contradicciones e injusticias, en el cual vertimos la realidad sana y no tan sana de lo que somos, entonces es inevitable que pasemos por este tipo de experiencias.
Morder el polvo, nos toca a todos en mayor o menor grado, por lo tanto debemos anticiparlo, y entenderlo como algo necesario en el proceso de crecimiento y madurez en que hemos de mantener nuestro caminar diario.
Me ayudó muchísimo una ilustración que escuche en relación a este punto, tomando como ejemplo lo que hacen los boxeadores en el cuadrilátero. Cuando son novatos e inexpertos y caen a la lona, inmediatamente tratan de levantarse para comunicar con ello que la caída no fue nada y que el golpe recibido no fue certero.
Esta es una manera inmadura de aparentar fortaleza delante del oponente. Pero el boxeador experimentado, cuando es derribado, aprovecha al máximo los segundos que puede permanecer allí en la lona. Esto le da la oportunidad para tomar un nuevo aire y adquirir nuevas fuerzas para poder seguir, terminar bien y sobre todo para ganar el combate.
En el polvo hay muchas bendiciones que solo percibiremos estando allí. Ese polvo que nos parece terrible morder, seguro que contiene nutrientes vitales para alimentar y fortalecer nuestro ser. Cuantas lecciones de vida podremos aprender. Que nuevas perspectivas para ver y valorar todo de una manera diferente. Que gran oportunidad para cambiar la mirada sobre nosotros mismos y especialmente sobre los demás. Que momento eterno para por fin reconocer nuestra necesidad de Dios.
Eso de morder el polvo, no debemos verlo tan aterrador. Necesitamos con sabiduría hacer lo que nos corresponde para evitarlo, pero viéndolo de este modo, cuando nos toque, podremos sobrellevarlo y aprovecharlo. Al final, antes que querer salir de allí en el menor tiempo posible, trataremos en cambio de no levantarnos demasiado rápido.



