Colombia vive un proceso político interesante en razón a que una nueva fuerza de cambio irrumpe con fuerte presencia promulgando el interés de cambio ante el statu quo sobreviniente de otrora. Los jóvenes han tomado participación en el rumbo y estilo de conducción de la sociedad, manifestando su rechazo a la inercia donde según sus argumentos más de 200 años de manejo del establecimiento finalmente no generan esperanza y oportunidades, los indicadores sociales muestran pocos avances y al ritmo proyectado poca viabilidad se espera para ellos.
Las movilizaciones y demandas que desde el 2019 antes de la pandemia, y post pandemia así lo demuestran, tienen a su haber victorias tempranas como el incremento en el presupuesto de la educación que por primera vez rebaso el de defensa, logrando también que la universidad pública tuviera un presupuesto digno, pero sus demandas no solo se quedaron allí sino que denotan que intentan sacudir todas las actividades de la sociedad.
Si bien recientemente con la elección de los Consejos de Juventud se observó una baja participación en la misma logrando solo el 10%, no se puede deducir como muchos lo interpretan “hacen mucho ruido pero finalmente no votan”.
Este hecho podría tener muchas lecturas, entre otras los alcances reales de su escogencia para solo ser consejeros de los gobiernos locales en la adopción de políticas, si bien, es un logro ser escuchado también es necesario ser parte de la decisión. No obstante, este hecho no deslegitima sus demandas de mayor democracia y reconocimiento en la sociedad. Pero claro que no dejó de ser una gran oportunidad para que la juventud se hiciera sentir con paso fuerte en esta festividad democrática.
Los partidos políticos viven sus peores momentos de reconocimiento institucional, muchos de sus miembros señalados de corrupción, su falta de autocrítica y de recomposición para ser canales de interpretación de las necesidades de la sociedad y el Estado, su poca productividad en las instancias representativas, no sino la muestra que solo hay demanda de poder en ellos, además de la privatización ejercida por personajes de la vida nacional o cacicazgos regionales. En sumo la justificación social de los partidos políticos, sus tendencias, filosofía, operatividad están en entredicho, de igual forma sus liderazgos cuestionados, la lucha entre todos estos actores es solo por poder, hay una falta de sintonía con las reivindicaciones sociales, por ello una reacción es evitar que continúen llevando el timón del Estado, por ello las voces de cambio adquieren mayor fuerza y se han impuesto con determinación los liderazgos independientes.
Las próximas elecciones legislativas de marzo así como las presidenciales serán un gran ejercicio de cara al nuevo rumbo de la democracia en Colombia, para muchos será la oportunidad de demostrar que la sociedad no resiste el ingrediente que lubrica la maquinaria y finalmente los resultados son los que hablan; y para el sector de cambio en la sociedad liderado por la juventud, el afianzamiento a las expectativas creadas para lograr una nueva dinámica social.
La polarización que se vive denota que no existen hegemonías de uno u otro lado, y a pesar de la amplia franja en el centro, no hay partidos, movimientos o liderazgos que seduzcan con fuerza la opinión. Es un momento de gran reflexión de la sociedad, lo que sí está claro es el fracaso del continuismo del establecimiento, hay una transición que dependiendo los resultados iniciaría un proceso de recuperación de confianza o bien podría conllevar a una posición pendular peligrosa.
En la teoría de masas se dice que ella es amorfa por ello requiere de liderazgos fuerte que la conduzcan, algunos pretenden comparar esta teoría con la fuerza de cambio que representan el sector social de la juventud, pero creo, que las cabezas visibles de este sector tienen mucha claridad y formación, es cierto que aún se hayan fragmentado sin una cohesión, pero ello no le quita la importancia y el peso social, por ello los protagonistas de este momento en la democracia del país apelan a ellos. Para los sectores más conservadores les miran con desconfianza argumentando el adoctrinamiento sufrido, para los demás sectores de cambios moderados o radicales son la esperanza para la sociedad.
Lo que ocurra el próximo año, marcara el rumbo de la democracia en el país y también de los gobiernos locales a elegir en el año 2023. Vientos de cambio se avizoran, en todo caso nada volverá a ser igual, muchos serán los ajustes que sufrirá el país, en su democracia, instituciones, justicia, entre otros. La disyuntiva no es si se cumplen los acuerdos de paz o no, sino, si somos capaces de cumplir reglas de juego en el tiempo, la constitución expedida en 1991, hoy llena de retazos y virajes acomodados al poder, pero cada gobernante negociando su permanencia en el, los poderes públicos sin independencia sujetos al ejecutivo denotan la coacción institucional, y las entidades de control jugando a beneficios particulares donde su eficacia siempre es cuestionada.
Si bien el panorama sintomatológico parece desalentador, las expectativas de cambios alimentan el espíritu de franjas de ciudadanos. Todo ello en especial motiva a que los jóvenes jueguen un papel significativo en esta coyuntura, en todo caso ya hoy son una fuerza reconocida que ha logrado hacerse sentir, no son el futuro, son el presente en las tensiones, dinámicas sociales y resultados.
Para Cartagena también será muy importante el comportamiento de la juventud, si bien los tradicionales se aprestan a tomar control en la Cámara de Representantes para pensar en cómo mantener el poder departamental y recuperar el local; no será un ejercicio tan lineal, pueden surgir sorpresas que cambien la orientación de la ciudad, no se trata de si alcanzan las curules que aspiran, sino la presencia de actores distintos que cada vez adquieren mayor presencia. Pero de igual manera, aunque para los jóvenes las elecciones de congreso no revisten de gran interés para ellos, las presidenciales si y también el futuro de Cartagena, ellos serán la clave en no volver atrás, impedirán que el poder local regrese a las fuerzas que tanto atraso, miseria y exclusión han mantenido a la ciudad. Con la fuerza de cambio de la sociedad Cartagena si tiene futuro.



